Gnomes 4 Hire

Ya os lo advertimos en su día:  no os dejéis engañar por sus ilustraciones de cómic y los chascarrillos repartidos por las reglas y las ayudas de juego, Belfort es un juego durillo.

Vale, entre comillas. No es que sea duro per se, es un juego en el que te puedes acercar bastante a la jugada óptima en cada turno, de manera que hay mucho pensar para encontrarla, para evitar que los demás la hagan, y para reorientar la estrategia cuando el jugador anterior te acaba de pisar. En grupos más ligeros esto puede no llegar a ser tan dramático (hay quien presume de jugar a Alta tensión sin echar cálculos antes de las subastas), pero para nosotros es imposible pasar de un modo hardcore a un modo casual.

Aún así, no es un Brass. Es un juego denso pero alegre (sabes que vas a perder irremisiblemente pero te sigues entreteniendo) en el que las mayorías del tablero distraen, sí, pero en el que las mayorías de elfos, enanos y gnomos son más decisivas.
Más o menos todos construimos un edificio por turno de media, y las casitas se reparten por los cinco distritos de modo que es difícil llevarte un pedazo grande de pastel y todos nos acabamos repartiendo las migas. Pero las mayorías en trabajadores son sustanciosas, y suele llevárselas una persona en solitario. En Belfort los empates en mayorías se resuelven en el escalón inferior. Y mientras que en los barrios puntúan los tres primeros, en trabajadores sólo los dos primeros. Es habitual que una persona tenga la mayoría de una raza y todos los demás tengan el mismo número de esos trabajadores, lo que hace que sólo puntúe uno. Y si, como fue nuestro caso, un jugador consigue puntuar dos mayorías, se puede considerar ganador si no mete la pata.

Tabla de puntuación.

Tabla de puntuación.

No sé cuánto tardaremos en quemarlo (igual a la cuarta partida descubrimos que es siempre lo mismo y hay una estrategia típica de la que no merece la pena salirse), pero Belfort es uno de los juegos que nos alegramos de haber descubierto en 2013, igual que Vanuatu lo fuera en 2012.

El postre fue ¡Tiburón!, una tontuna divertidísima en la que a la que te descuidas te han comido las piernas. Un sistema de subasta ciega a una carta en la que lo importante es no coincidir con la carta de otro jugador.

El rojo tranquilo por unos instantes: el tiburón estaba saciado tras comerse al azul

Tiburones en los rascacielos entre San Francisco y Nueva York

Tarde de viernes donde Jose tiene la potestad de dirigir nuestros destinos…. Y no podía comenzar con otra cosa que con la que llevaba alguna que otra semana rondándole por la cabeza:

¡¡¡Menuda portada!!! Y eso que es una reedición, pero parece que con los años no han ganado en gusto, al menos han intentado quitarse de encima un pequeño estigma de racistas eliminando de la portada al pobre afroamericano cargado con un martillo más grande que su cabeza, bigote incluido…

Es el Wallace que he probado que menos tilín me hace, y realmente no sé porqué, ya que es bastante gañán, lo que sí sé es que en todos en los que hay que hacerse con acciones de empresas (Steam Barons, Chicago Express, etc.) me veo perdido en las partidas, sin saber cuál es la mejor compañía con la que puedo hacerme en ese turno, así que en esta partida me dediqué a coger la compañía que más beneficios instantáneos me daba en cada turno, sin preocuparme demasiado de los cubos que luego podría coger esa compañía, y me fue bien, quedando a 40 $ de David que quedó primero.

Como segundo plato:

Jugamos la primera compra del grupo en amazon.es, y no es otro que Survive, al cual Jose jugaba de pequeño y del que tenía gran recuerdo: Nos lo pasamos pipa, y es que es un juego muy divertido, con todo el aroma al Pompeji ya que debes intentar salvar a todos los meeples que puedas llevándolos a cualquiera de las zonas de tierra firme que hay en las cuatro esquinas del tablero, pero claro, para ello debes pasar por un mar infestado de tiburones, delfines, ballenas y serpientes marinas. Debajo de cada meeple tienes un número del 1 al 6, que son los puntos que consigues por salvar a ese meeple. Este asunto creo discusión y acordamos jugar  puntuando por meeple y no por el número que hay debajo, cosa que en un principio nos pareció bien, pero que al final de la partida volvimos a discutirlo, siendo yo partidario de puntuar por el número, ya que al ser una fiesta el juego como es, lo suyo es que esa puntuación final sea un poco incógnita, pudiendo incluso ganar alguien que haya salvado 2 meeples frente a uno que haya salvado 4 ó 5. En esta partida Jose nos sacó del mapa, pero nos lo pasamos bien saltando desde el acantilado al mar, “robándole” la barca a alguno, hundiéndolas con las ballenas y zampándose a los David Meca que se atrevían a cruzar a nado el oceano.

Como colofón a la tarde:

A Jose se le ocurrió sacar el Villa Paletti… La cara de David y Cristian era un poema, pero en cuanto empezamos a jugar se transformó  totalmente y disfrutaron del juego un montón, oyendose frases estilo “abro un pedido mañana para pillármelo”. Las dos partidas que jugamos fueron espectaculares, recuperando columnas imposibles, tentando a la física como ni el mismísimo Newton se hubiera atrevido. En una de ellas tiré yo la torre, ganando el resto, y en la otra la tiró David al suelo.

Gran tarde de juegos, que acabó con una cena en familia junto con Patricia, David, Úrsula, todos los peques y yo. ¡¡¡Tengo mono!!! ¡¡¡Quiero más!!!

Día del Gañán: Jokin, David, Fran, Cristian, Jose