Reseña del Festival Internacional de Córdoba 2013 by bravucon

Un año más llegó Octubre, y con él la obligada peregrinación al Festival de Córdoba. Este año visita de un día, al igual que el año pasado, y es que con dos churumbeles uno no puede desaparecer todo un fin de semana sin mirar atrás. En mi coche fuimos David, Pablo (Frescology) de agregado simio y yo. José y Jokin también venían con sus respectivas damas y nenes pero en otros coches.

Los de mi coche cumplimos a rajatabla el ritual de todos los años: madrugón como si fuera laborable, desayuno en Puerto Rico para reencontrarnos con los amigos y charlar un rato y hacer coincidir el fin del café con la apertura de puertas del Palacio de la Merced.

Nada más entrar nos sentamos a jugar Miguel (colega de David), Pablo, David y yo un Era del Carbón de Kramer & Kiesling, o como los simios lo hemos rebautizado, Kohle fur den Führer; y es que está claro que ese carbón extraído en 1932 era para las calderas de fundición de acero para hacer los Panzer y demás armamento pesado de cara a la 3ª Guerra Mundial.

Nos lo explicó el sexto simio, Javi Santos, cometió un (pequeño) comuni y es que to lo malo se pega. De los que estuvimos en la partida, David y yo ya lo habíamos probado el año pasado cuando aún era un prototipo. Pero el juego en este año ha cambiado poquísimo, los cambios pasaron inadvertidos al menos. Un muy buen juego, que te mantiene toda la partida atento ya que los turnos son rapidísimos y siempre te está tocando. Tiene unas reglas muy sencillas y todo en el juego es intuitivo. Es perfecto  para esos días en los que estás reventado y no tienes ganas de que se te pongan las orejas coloradas como ocurre con un Brass, Caylus y similares… Yo lo metería en el saco de Notre Dame o San Petersburgo, es decir, un puntito por encima de ser familiar, pero queda lejos de ser un euro de los duros. Me encantó nuevamente, el único motivo por el que no me he hecho con una copia (aún) es porque últimamente no juego nada de nada debido a mi situación familiar y laboral, y soy reacio a aumentar la colección descontroladamente cuando sé que no voy a poder jugar a penas nada. Además, tanto Jokin como José compraron una copia, así que el juego está en el grupo simio que es lo importante.

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Con un buen sabor de boca nos dispusimos a jugar otra cosa está vez con José e Isa y sin Pablo que se dedicó a otros menesteres. Parecía que la mañana iba a ser un homenaje a Kramer ya que sacamos de la ludoteca de Jugamos Todos el Príncipes de Florencia. Aprovecho un inciso para decir que este año la ludoteca que pusieron estaba muy cortita, supongo que es por facilitar la logística, pero los experimentados echamos de menos muchos títulos que en años anteriores si estaban. Volviendo a PdF, este juego probablemente esté en mi top10. Cada vez que lo juego lo disfruto inmensamente, me parece un juegazo en el que continuamente estás tomando decisiones vitales. David se fue mucho a mitad de partida y empezó a fardar de que nos iba a machacar, pero lo cierto es que en el último turno hice más de 20 PVs y me quedé a un mísero punto de cogerle… Arggg “I never win!” 😛 . Espectacular!

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Tras esto los simios que venían con pareja se fueron a comer como señores y Pablo y yo a un banco del parque de enfrente a comer un bocata envuelto en papel de aluminio mientras pedíamos unas monedillas para eurogames. Pero es que para un día que tengo salvoconducto de la Excelentisima, había que aprovechar el tiempo.

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Nos fuimos a ver al japonés que vino al festival a enseñar su juego Assaltous (o algo así), y resultó una decepción, un juego muy plano y con una condición de victoria final que enseguida identificamos como poco meditada ya que nos quedamos bloqueados sin posibilidad de acabar la partida a no ser que le saliese una carta determinada a Pablo para machacarme. Sacamos nuestro dominio de idiomas, tranquilos que fue en inglés, y le preguntamos al diseñador para corroborar que era así, por lo visto lo hizo intencionadamente lo que nos pareció un desacierto ya que el juego se puede ahogar y acabar en tablas. Mención especial para el chaval (español) que explicaba el juego: lo dió todo, fue muy amable y estuvo toda la partida echando un cable para que fluyese la partida y no nos bloquearamos. Un diez para él y un suspenso para el juego.

Como seguíamos estando los dos solos, aprovechamos para probar el Asante. Me confié pensando que era igual que Jambo y acabamos haciendo unos primeros turnos algo irregulares entre que me aclaraba cómo funcionan las cartas de lugar sagrado, al final resulta que no lo hicimos bien. Quizá por culpa de esto, la partida salió rara y conseguí que Pablo, que no conocía Jambo, se llevara una mala impresión del juego. Yo a pesar de la partida irregular sigo pensando que este es compra obligada. Siempre quise tener Jambo y nunca me lo pillé por no encontrarse en nuestro idioma, así que ahora no tengo excusa. Genial juego para dos jugadores, con mucha confrontación y puteo, duración ajustada y complejidad suficiente como para satisfacer a jugadores expertos al tiempo que no es demasiado duro para jugadores más ocasionales… sólo espero conseguir jugarlo alguna vez con mi mujer, estoy seguro que le gustaría. Pero lo más difícil es sentarla a jugar.

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Tras esto, cambié nuevamente de grupo, convencí a Javi Santos a que sacara de la ludoteca de Jugamos Todos el Die Goldene Stadt que hace un par de años me habló de lo mucho que le gustó cuando lo probó por primera vez. Aún no había jugado a nada con él en el Festival y ya tocaba. Un chaval que conocimos ahí mismo, Ernesto (creo que colega de Frescology), se unió a la partida. Como decía, Javi hace tiempo me habló bien de este juego y ese es el motivo por el que le di la brasa para que me lo enseñara. Tras hacerle repasar las reglas prácticamente desde cero (en inglés y sin dibujitos explicativos) conseguimos arrancar la partida en unos 15-20 minutos. El juego es tan intuitivo que el reglamento se entendía muy fácilmente. Se trata de ir sumando puntos que se pueden conseguir de diversas formas a partir de la colocación de casitas en diferentes rutas a partir de los puertos. Con una regla sencilla de hacer coincidir dos cartas de terreno iguales para poder colocar una casita, se va desarrollando la partida. En cada localización se obtiene un bonus que puede ser dinero, una nueva carta de localización, un permiso para entrar al centro de la ciudad dorada representada con una carta de una llave, un objetivo concreto para obtener puntos al final de la partida o carta de comercio. Al principio de cada turno hay una sencilla subasta de parejas de cartas de localización, posteriormente los jugadores colocan casitas para terminar puntuando una carta que sale todos los turnos y da puntos a aquellos que cumplen una serie de requisitos con sus casas y con sus cartas de comercio. Al que además tiene mayoría se le otorga un bonus. Si conoces las reglas, se explica en 5 minutos y se juega en 45. Die Goldene Stadt es un juego bastante familiar pero muy agradable de jugar y estéticamente precioso. Ahora que está descatalogado lo tengo en la lista de futuras compras… si alguna vez lo encuentro de 2ª mano a un precio razonable, seguramente lo pille.

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Ya empezaba a hacerse tarde, así que me pegué mi penúltima rondita por las tiendas de mis amigos Rafa (Dracotienda) e Isra (Juegamestore). Como ya comenté, estoy en fase de no comprar casi nada debido a mi hundimiento lúdico, pero vi por ahí una novedad SOS Titanic que tiene modo de jugar en solitario, perfecto para mi situación. Así que decidí que sería mi compra del día, ya que volverme de vacío de Córdoba es como volver con una espinita clavada. Nada más comprarlo lo desprecinté y convencí a Musambay, Isa y Frescology para estrenarlo, me había leído las reglas el día anterior pero a pesar de eso cometí 3 comunis que se cargaron la experiencia, era tan fácil salvar pasajeros que éstos se iban del barco con un cubata en la mano y el matasuegras en la otra, haciendo la conga, cantando el aclamado “ritmoooo ritmo de la nocheeee”,… una anécdota. Concluimos que no se le prendería fuego hasta que no lo jugaramos bien, porque era evidente que fue un despropósito fruto de estrenarlo sin leer pausadamente el reglamento. Ya lo he jugado en solitario en casa y doy fe de que no es tan fácil como pareció en su estreno.

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Como el hundimiento del Titanic nos dejó con mal sabor de boca, decidimos jugar a uno ya conocido en el que no se cometiesen comunis. Rapa Nui, para mí una joya en el fango. Un juego de Klaus-Jürgen Wrede de 2011 que pasó sin pena ni gloria yo creo que por muchos motivos, estéticamente es algo flojo, las cartas no son feas, pero tampoco bonitas, la piedra de sacrificios es una plancha amorfa de cartón que no termino de verle el sentido, la madera en lugar de fichas de cartón debería haber sido palitos de madera, aunque esto hubiera supuesto encarecer el precio de venta del juego en un par de euros. Otro motivo es que un juego de Kosmos de caja pequeña pero no de la serie para 2 jugadores, está lejos de cualquier línea habitual de esta editorial. Y por último, este diseñador está maldito; yo creo que es un tío que ha hecho juegos con buenas ideas pero que no termina de dar el pelotazo, por algún motivo ha quedado catalogado como el autor de Carcassonne. Rapa Nui es el típico juego que se explica en 5 minutos y que, dentro de su sencillez, está cargado de decisiones interesantes que se va encontrando el jugador en cada turno, siempre buscando la manera de hacer lo más eficiente para ti sin dejar las cartas buenas a merced del siguiente jugador. Además la forma como se valoran los recursos al final de la partida es genial ya que tú debes alimentar con un recurso la piedra de sacrificios cada vez que se construye un Moai, desprendiéndote de una carta de tu mano para que ese recurso sea el más valioso… la manera de equilibrar leñadores con recolectores mientras no descuidas la construcción de Moais y rapiñeas algún punto que puede ser vital al final con los sacerdotes hace de este juego una pequeña y sencilla joyita. Por los 11 € que me costó en su día este es uno de los juegos más amortizados que me he comprado en lo últimos tiempos. No dejéis de probarlo, hasta lo podéis jugar en yucata sin que os cueste el dinero. Mención especial al final de partida en el que Isa y yo empatamos a todo ganándome en el tercer desempate por una madera!

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Era tarde y estaba cansado, me tocaba volverme sólo hasta Sevilla por lo que tomé la sabia decisión de comenzar con las despedidas y coger carretera y manta.

No quiero acabar este resumen del Festival de Córdoba sin decir que en este mundillo están las diferentes jornadas por un lado (unas mejor organizadas que otras) y luego está el Festival de Córdoba, y es que tiene algo especial que hace que no haya fallado ni un año desde 2008: Hablar con amigos que ves todos los años (y otros nuevos que conoces todos los años), ponerle cara a viejos amigos virtuales como Cartesius o Clint Barton al que por fin he conocido en persona, jugar a novedades y clásicos sin seguir ningún orden ni concierto, probar algún prototipo (este año no), comprar alguna cosilla en alguna tienda amiga… En definitiva, larga vida al Festival Internacional de Juegos de Córdoba y ahí seguiré yendo año tras año si la salud lo permite…

Back to Florence

Y llegó un nuevo día del gañán del Amarillo. Como viene siendo una marca de la casa de José, se dejó de tonterías de sacar nuevos juegos de arriesgado consenso en el concilio simio y tiró nuevamente de clásico, en esta ocasión Príncipes de Florencia.

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Lo que casi nadie sabe, un minisimio lidera la foto mas thumbeada de Principes de Florencia en BGG.

Este juego es el típico que sale a mesa una vez al año pero que cada vez que sale, todos unánimemente no hacemos más que alabar el gran último pepino que sacó el entrañable abuelete que es Wolfgang Kramer.

El juego es muy sencillo, una ronda de subastas en la que se pueden comprar paisajes, arquitectos, bufones, etc… para remozar nuestro, inicialmente vacío, palacio florentino (po tríncame el pepino). A continuación, y tras que cada jugador haya ganado una subasta, una ronda de acciones (dos acciones por jugador) en la que se puede comprar un edificio, comprar nuevas obras, libertades o cartas que ayudan a nuestras obras artísticas a una más rápida consecución.  

La gracia del juego reside en que en cada turno nuestra obra artística tiene que tener un mayor valor para poder presentarse en nuestro palacio y que le demos cabida a su autor en él. Cada artista o autor (cartas amarillas) se inspira en un edifico de una forma determinada, ante un determinado paisaje (jardín, lago o bosque) y hay una libertad que le inspira también (teología, viajes culturales o literatura). El caso es que no hay ningún autor repetido pero algunos comparten edificio, paisaje o libertad por lo que un jardín puede ayudarte con más de un artista.

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Los Artistas de Florencia con sus preferencias (también son especialitos, los jodíos 😉 )

Los puntos de victoria se obtienen a lo largo de la partida bajando artistas a tu palacio, si tu obra vale x, puedes “partir” tu ingreso entre dinero y PVs. Cada 2 puntos artísticos obtienes 1 PV y cada punto artístico te proporciona 100 de dinero para poder seguir pujando en turnos posteriores. Además la obra de más valor bajada en un turno proporciona a ese jugador 3 PVs. El dilema entre cuando dinero ingresar y cuando dedicar a puntos de victoria es un aspecto del juego que me encanta (eso me recuerda un poco a Age of Steam). Bajar artistas no es tarea fácil y si algo he aprendido en esta última partida es que si no vas a poder bajar uno en este turno no te quedes sin dinero o te arrastrarás el turno siguiente al no tener dinero para comprar lo que necesitas. Se pueden sacrificar PV por dinero a razón de 1:100 pero como diría Wallace: “If you have to do that, then you’re a teacher”… pero os puedo asegurar que a veces es la única opción.

Como he dicho hay cartas que ayudan a bajar a nuestros artistas (cartas rojas), cartas de objetivo para el final de la partida (cartas verdes) y las famosas cartas azules que te permiten cogerle un artista a otro jugador y bajarlo en tu palacio.

Hay muchas más cosas que me gustan de Príncipes de Florencia, como que los paisajes y edificios tienes que bajarlo en un tablero personal con espacio limitado y que en principio los edificios no se pueden tocar (a no ser que consigas dos arquitectos, lo cual no es fácil).  Esto da un toque de complicación aun mayor a la ya de por si complicada tarea de llegar al valor artístico que los turnos te van imponiendo.

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Tablero individual de cada jugador

Al final del juego se suman los puntos conseguidos a lo largo de la partida con los edificios y los objetivos personales que puedes tener y te den puntos y el que tenga más puntos de victoria gana.

En nuestra partida Fran nos vapuleó quedando yo en un digno segundo puesto un puntito por delante de David, José como dueño del juego se hundió en su lago del palacio… me faltó un artista que en el último turno que no pudo completar su obra por un mísero punto de valor artístico que me hubiera permitido quedar muy cerca de Fran, pero esta es la grandeza de Principes de Florencia, que te falta siempre algo para poder hacer todo lo que quieres: cuando no es dinero, son las limitadas 2 acciones, cartas que te den magia, arquitectos, bufones, libertades… siempre vas al límite asfixiado y eso es buena señal en un juego.

En definitiva, un juegazo y como (casi) siempre, gran elección de José para su día del gañán.

Día del gañán: Jokin, Fran, Cristian, David, Jose.