De excavaciones varias y regalos de cumpleaños

Lo que llevamos de noviembre ha sido bastante intenso lúdicamente hablando. Para empezar, ha sido Essen, a donde este año tampoco hemos podido ir, pero que antes o después volveremos. Cumplo años el día 4, y ya es tradición comprarme alguna de las novedades como (auto) regalo patrocinado por Patricia. Cuando termina la feria, empieza la búsqueda del juego del año… Pero este año (todavía) no me he comprado ninguna novedad de Essen, entre otras cosas, por los precios brutales de los juegos para jugones. Vamos, que por menos de 50 euros poca cosa te compras: Nations, Khole und Colonie, Amerigo… Parece que hay tarifa plana de 50 euros. Y el caso, es que uno ya se lo piensa. En realidad, el problema es que habiendo probado La era del carbón, y sabiendo que tiene un gran precio y es un juegazo, me da una pereza terrible comprar algo a ciegas sin probarlo. Dicho esto, el Pathfinder me lo he comprado, aunque no cuenta por que no es de Essen 😉

Dejemos de divagar. El mes comenzó (o casi) con una visita a la guarida del conocido como el sexto simio, Javi Santos, y como paso en mi anterior visita, me sorprendió con una esquisita bebida refrescante…

¡Chispeante pulpa de guayaba!

¡Gracias Javi! Así tendremos que repetir la visita de vez en cuando.

Como plato lúdico, jugamos una partida al Pergamon, un juego muy interesante de 2011 que creo que ha pasado sin pena ni gloria. He de decir que es un juego que me supera, y me dieron una soberana paliza. En el último turno, presenté dos fulas de exposiciones, pero limpias limpias… Javi nunca había visto tantas monedas dando lustre juntas (ver foto adjunta). Es un juego que como he dicho me parece muy interesante. En el inicio de turno, con una acción (pones el meeple en un track) decides a la vez ¡el dinero que puedes recibir, el orden de turno, las losetas que puedes comprar, y el orden de inicio del siguiente turno! Una barbaridad. Se puede jugar en Yucata, y si te pones a pensarlo, es una decisión durísima. Además, hay otra capa de complejidad, que es que el valor las losetas que compras (es un juego de comprar losetas y hacer sets, pero en forma de puzle) no es fácil de estimar, ya que el sistema de puntuaciones es relativamente sofisticado; hay diferentes tipos de piezas, cada una puntua en un momento del juego, al final puntúan todas de forma especial y para colmo de males, las losetas que presentas para puntuar van envejeciendo, pudiendo puntuar varias veces o no. Lo dicho, sofisticado. Creo que es un gran juego, pero su duración/complejidad no está equilibrada. Aunque uno puede puede pensar que es familiar, no estoy nada de acuerdo. Es un juego duro, y a 4 jugadores ni te cuento.

Lo que es no tener ni idea de lo que había que hacer…

Más adelante, en la sesión golfa, me tocaba el turno del gañán y aunque estaba pensando en venderlo, saqué mi regalo de Essen del año pasado, el Snowdonia. Aquí me encontré con otro regalo de cumpleaños, por que no sólo jugamos Jose, Fran y yo, sino que Patricia se apuntó y jugó la partida entera. Jugamos el segundo escenario que trae el juego, que por cierto, es mucho peor que el primer desde mi punto de vista, ya que divide a los jugadores en dos equipos, subiendo la montaña por dos caminos diferentes, por lo que hay la mitad de tensión. La partida estuvo simpática, el juego se llevó un +1 por el minipunto de pareja, así que se queda en la colección, es más, me he comprado una expansión de Essen de este año 😉

Mi juego de Essen de este año

Lo curioso, es que el Snowdonia volvió a salir a la mesa no otra vez esa semana, si no dos. Primero con la gente de la asjm en casa de Frescology, y el fin de semana, de nuevo con Patricia como segundo regalo de cumpleaños (+2 puntos de pareja). LA verdad es que funciona bastante bien, aunque mejor a 3-5 jugadores que a 2, que flojea un poco. Lo único malo, el setup, que es infernal. Para vender el juego 😉

Por cierto, después del Snowdonia, en mi día del gañán jugamos el San Petersburgo. J-U-E-G-A-Z-O al que no ganaré nunca. Vaya rabo de proporciones herculíneas nos metió Fran. Pero vamos, que fue para olvidar la partida. ¡Y eso que compré el observatorio en el primer turno!

Además de todo esto, conseguí sacar a Cristian de su madriguera para que probara el Julius Caesar, pero esa reseña, se la dejo a él 😉

Turno del gañán: Jokin, Cristian, Fran, Jose, David

De subastas y expansiones

Se nos acumula el trabajo, lo que es buena señal por que dice que seguimos jugando con cierta frecuencia… en cualquier caso, se nos quedan en el tintero grandes quedadas que merecen la pena ser recordadas.

Hace ya mucho tiempo, en el día del gañán de Jose, tuvimos una estrella invitada. Después de mucho tiempo sin vernos, prácticamente desde la última Moliquedada, Pablo Trinidad, más conocido en los ambientes como Frescology, se apuntó a una sesión golfa golfa hasta altas horas de la madrugada. Hay que decir que el movimiento jugón en Sevilla sigue creciendo poco a poco a parte del grupúsculo simio. Pablo forma parte la Asociación Sevillana de Juegos de Mesa que ya tiene más de 30 miembros jugones activos, y junto con Queremos Jugar (de la que los simios somos/fuimos en menor o mayor medida parte) le están dando un buen empujón a esta nuestra pasión en esas quedadas en el localito de Álamo. Cuanto ha llovido (¡y cuantos niños han nacido!) desde que empezaron las golfas…

Bueno, divago. El caso es que Jose, como es costumbre, empezó sacó un valor seguro, no de Wallace, si no de otro de los grandes, el Principes de Florencia de Kramer. Y como he dicho, no me gustan las subastas, pero los grandes juegos son grandes juegos. El Principes de Florencia tiene como mecánica principal una subasta en la que cada jugador va a poder llevarse una y sólo una adquisición que se paga con dinero, pero en realidad estás pagando con PV ya que los PV y el dinero están ligados (al final de cada turnos, las ganancias tienes que dividirla en dinero, o PV…). Es un gran juego, aunque sea de subastas. Una de las cosas que me gusta además, es que a lo largo de los 7 turnos, cada vez es más difícil puntuar, lo que hace que el juego sea bastante tenso.

Un clásico que también se está poniendo de moda entre los jóvenes simios

El caso es que esta vez, lo jugamos con la expansión de los personajes. A lo largo de la historia, siempre que habíamos jugado lo habíamos hecho sin expansión, y siempre decíamos la próxima vez probamos la expansión. La expansión añade una segunda subasta muy parecida, en la que cada jugador consigue un personaje. En general, estos personajes son muy potentes. Te dejan tener tres acciones en vez de dos en la fase de compras, ganar una subasta gratis, tener un bono a tus obras de arte, conseguir cartas de objetivos (que sólo se consiguen en la primera subasta) y poder presentar una obra de arte sin necesidad de bajar carta cuyo valor depende de los elementos que tengas en tu palacio. Bueno, aunque todo esto parecía que podía darle más enjundia al juego… vaya pedazo de fula. No merece la pensa ni intentar venderla (son apenas 7-8 cartas). Merece la pena metalizarlas, es decir rasgarlas por la mitad sin miramientos. El principal problema para mi es que no sólo alteran el valor de todos los elementos y por tanto de las subastas del juego, si no que hacen que sea ridículamente fácil conseguir el valor mínimo de las obras de artes, lo que le quita toda la tensión. Las puntuaciones eran ridículas. Encima, el juego tardaba un 33% más, al haber otra cosa que hacer en cada turno.

Una expansión con banqueros no puede ser buena

Las expansiones las carga el diablo, como los comunis de Cristian. Aunque en general, si un juego me gusta, suelo comprarme todas sus expansiones, distigo dos tipos, las que cambian el juego, y las que literalmente, sólo lo expanden, entendiendo como expansión darle una mayor variedad a las partidas. Las expansiones de mapas del Aventureros al Tren, son maravillosas. Las nuevas razas del Smallworld son otro ejemplo perfecto, e incluso las cartas de la expansión del San Petersburgo. Todas son expansiones estupendas, que añaden variedad cambiando poco o nada las reglas del juego… La expansión del Caylus Magna Carta es el ejemplo por antonomasia de fula que te fula de expansión. Convierte a un juegazo de 40 minutos en un sufrimiento de hora y cuarto. Chimenea. Tengo que decir que algunos de los mapas del Steam de Ted Alspach también son una fula, pero eso es otra historia… En resumidas cuentas, expansiones sí, pero con cuidado.

Después del un Kramer, sólo podía venir un Wallace, y para seguir con la noche, uno de subastas, el Last Train to Wensleydale. Poco puedo decir de este juegazo que no hayamos dicho ya en este foro, sólo que está muy poco valorado. No es tan duro como el Steam, pero sigue siendo un juego duro. El tablero, inolvidable.

Para habernos matado

Para terminar (por fueron, 3 juegos 3…), salió a la mesa el Meuterer, que como siempre decimos, con un tablero bonito y una caja tamaño Catán, se vendía por 40 euros… Uno de mis juegos fiesta favoritos, en el que lo importante a veces no es ganar, si no simplemente pasar por la quilla a tus compañeros. Para variar, parece que lo jugamos mal. No es de extrañar, puesto que no he encontrado unas traducción de las reglas fiable en ningún sitio. Había diferencias con Pablo en el rol del mercader (en el que creo que él tenía razón al decir que si hay mercader, el puntua el máximo y el resto el valor de reducido, en vez de nada, como hacíamos nosotros), y en la ronda de combates (en la que me parece mejor bajar las espadas de una en una y no todas de golpe). Lo malo, es que después de tantos años surcando esas islas, se hace difícil cambiar de costumbres.

Versión de ediciones Simias, 40 euros en preorder

Día del gañán: Jokin, Fran, Cristian, David, Jose

Lo que me gusta y lo que no me gusta

En los juegos de mesas, como en todo en la vida, hay tantos gustos como colores. A medida que pasa el tiempo y juegas más, tu gusto particular se va afinando. Aunque es cierto que en general, el jugón pertenece al grupo de gente que le gusta jugar, no los juegos, creo que no se puede negar que cada uno tiene sus preferencias. Yo hace tan sólo 5 años me encerré un fin de semana entero y sólo jugué al Carccassone. Creo que hoy en día prefiero que me corten un dedo a pasar por ese sufrimiento…

El caso es que en los simios, tenemos gustos parecidos pero con sus pequeñas diferencias. En mi caso, ya he dicho a menudo que no me gustan ni los abstractos ni las subastas, que me gustan los juegos con tema. En realidad, es más difícil definir los gustos con palabras que con ejemplos, y por supuesto, siempre hay contradicciones en las cosas que decimos.

El último día del gañán de Cristian (invitado especial incluido, el señor Pablo, jugón frustrado), jugamos a dos juegos, uno de los que me gusta y otro de los que no. Abrimos la tarde temprano con un juego que creo que es bueno, es más, estoy seguro que es bueno. Pero que no trago. Se trata del Hacienda. Para mi, entra dentro de lo que a veces llamo un abstracto, desde el punto de vista, que el tema está pegado con calzador. Es un simple juego de maximización de acciones/puntos de victoria, sin ningún tipo de relación entre lo que haces y la realidad. Pones animales que llegan a los mercados, compras tierras baldías, abres pozos, cosechas pero en realidad, durante la partida sólo ves el rédito en PV que te da cada acción. Árido como la pampa en una sequía. Seguro que hay mucha gente que lo considera un gran juego, a mi me parece un juego sin alma ninguna. Puro suma/resta matemático. ¡En el Notredam por lo menos hay ratas que te comen las entrañas! La partida fue corta. Eso es lo mejor que puedo decir del juego 😉

El tablero se va estropeando a lo largo de la partida con esas horrorosas e interminables serpientes de colores…

Como segundo plato, salió un valor seguro de Wallace, el Tinner’s Trail, también conocido como el juego de las empanadas. Juegazo. Sí, ya se que es de subastas, pero juegazo de todas formas. En pocas partidas terminamos todos levantados mirando el mapa buscando el último cubo rentable del mapa. En este juego, no te digo que te sientas un minero, pero las acciones tienen un sentido, una relación con la historia, aunque sea tan absurdo como vender empanadas para conseguir algo de liquidez y pagar la escavación. La mecánica copiada (sin tapujos) del Thebes le va como anillo al dedo (no como al Olympos, vaya fula). Tiene un poco de azar en los dados, lo que le quita cierto peso, y mete un poco de fiesta en la partida. La subasta es relativamente fácil de ver, aunque tienes que jugar de estómago, no es fácil ver el efecto de las acciones a medio plazo. El valor de una región está determinado por el ratio de mineral/agua y la cantidad, pero no está claro si podrás mejorarla con mineros, barcos y trenes. Todo el mundo tiene el mismo dinero al empezar, por lo que todo el mundo se llevará alguna región, a ser posible, por precios parecidos. Cada turno es diferente, al incrementarse la capacidad de extraer poco a poco. Juegazo. Una pena no tener la edición de Treefrog (la segunda edición no está mal, pero parece sacada de un mal juego de PC de los años 90). Juegazo. De. Wallace. Hay poco más que decir.

Lo único que me frustra es no haber podido encontrar las fábricas para tunear el Automobile…

Turno del gañán: Fran, David, Jose, Jokin, Cristian

A Chad le gustan largas

(las partidas…)

Pensé que no llegaría nunca el día, pero hoy tengo que hablar mal de uno de mis diseñadores favoritos, el señor Chad Jensen. Hemos tenido la oportunidad de probar su último juego, el Urban Sprawl, recien salidito del horno por que Fran se apuntó al P500 en su momento. Fran lo tenía guardado para su día del gañán y cuando llegamos a su casa lo tenía desplegado y listo para empezar a jugar los cuatro (el señor J. se escapó).

El juego trata de la evolución de una ciudad desde que es pequeña hasta que llega a albergar unos juegos olímpicos. ¿Sim City? Nada más alejado de la realidad. Es un juego de mayorías en el que luchamos en la sobra por controlar los distritos más exclusivos de la ciudad. La idea podría ser buena, es más, cuando leí que utilizaba un sistema de draft de cartas similar al TTA, me interesé mucho por el juego. Una pena que al final haya resultado tan malo.

Al menos el tablero es bonito

La mecánica básica es que tienes 6 puntos de acción para robar cartas que te pueden dar dinero, o edificios para construirlos en la ciudad. Se ganan puntos y dinero por controlar las filas o las columnas del plano (un poco lío). Los edificios al construirse, tienen algún efecto que en general da dinero o puntos de victoria. Al salir nuevas cartas, ocurren eventos y se disparan puntuaciones. Fácil de explicar, y en teoría no tiene mala pinta.

En la bgg hay una cierta polémica. El juego tiene un 7, por que hay muchos incondicionales del mismo que le ponen un 9 y un 10, y hay mucha gente 8 que le ha puesto un 3 o un 4. La palabra de moda es Caos. Para mi, la palabra de moda para describir al juego la vi en los comentarios de un usuario de la bgg… Monopoly. Menuda fiesta de juego. Vaya cambios de puntuación y de sistuación de un turno a otro. Eventos, sobreedificaciones, puntuaciones, cambios de era, elecciones… juegas una vez, y cuando te vuelve a tocar, la ciudad (¡el mundo entero!) no se parece en nada a lo que conocías. Los edificios de la tercera era, por cierto, simplemente son brutales. Vimos cambios de 20 y 30 puntos de victoria en un track de 40. Espectacular.

Además de que el juego parece incontrolable, es verdaderamente insufrible a 4 jugadores. ¿El TTA tiene tiempos muertos? Nada que ver con este juego. Encima, tienes que estar puntuando mayorías y eventos cada dos por tres. En algunos momentos de la partida, un jugador terminaba su turno, se sacaban nuevas cartas para rellenar los huecos, y al terminar de resolver los 1000 eventos, elecciones y puntuaciones disparadas, ni siquiera nos acordábamos a quién le tocaba. De verdad. Increible.

El juego además es demasiado largo (o al menos puede serlo). No se que obsesión tiene Chad con los juegos de mayorías demasiado largos (y repetitivos). Le pasa algo parecido al Dominant Species, sólo que en este caso, el juego al menos es bueno (le sobran turnos a mi gusto, pero a quien le guste dedicarle más tiempo es libre…).

En resumidas cuentas, no me gusto. Si quiero un juego de mayorías con caos y conflico, juego a El Grande, que en una hora he terminado y sólo tengo que puntuar tres veces a lo largo de la partida (y no hay eventos absurdos). Este juego es demasiado largo para lo que ofrece y para el control que tienes. No juegas al juego, el juego te juega a ti 😛

Día del Gañán: Jose, David, Cristian, Jokin, Fran.

De hospital a hospital pero entre medias mi día del gañán

Antes de que Teresa estuviese embarazada, jamás me pude imaginar que iba a ser una movida de cólicos nefríticos, piedras del tamaño de un cubito del Carolus Magnus, infecciones de orina, estrujamiento de riñones, vejiga y uréter por parte del bebé…

Llevo 12 días de continuos sobresaltos con motivo del embarazo que ya está en la recta final, Teresa ha estado ingresada 6+2 días en el hospital y aún no está recuperada del todo. Por un momento mi día del gañán fue aplazado cayendo la responsabilidad de manera precipitada nuevamente a Jose, pero la providencial llegada de mi suegra a casa tranquilizó a la brava y me dio luz verde para ir a Almensilla. Como no sabía el tiempo que iba a poder estar en el Palacete de Fran, porque en cualquier momento podría recibir una llamada de teléfono comunicándome que volvíamos al hospital, la cosa fue de ir sacando juegos de una hora…

En mis días en el hospital maté parte de mi tiempo allí haciéndome un Print & Play (qué tiempos aquellos) de Medici, un juego de 1995 (!) de subastas del “amigo” Knizia. A pesar de los comentarios jocosos que despertó mi vuelta a las manualidades, creo que el rediseño es mejor que la edición de Rio Grande Games. Comparen ustedes mismos:

 

La última edición de Rio Grande presenta una variación en el tablero en las posiciones superiores se le otorga 5 puntos al que se sitúa en el tercer peldaño más alto, pero el juego original no era así.

Medici es un juego muy rápido, se juega en 30 minutos, se trata de subastar lotes de 1 a 3 mercancías de 5 tipos diferentes. La subasta es a una ronda y, como en Goa, el jugador en turno tiene la última palabra. La gracia es que en tu barco sólo caben 5 mercancías, así que hay que ser muy cuidadoso con las mercancías que metes en el casco de tu barco porque van a ser 15 en toda la partida. La moneda con la que se pagan las subastas son los propios puntos de victoria.  Hoy en día este juego se puede considerar un filler, creo que merece la fama que tiene y tras varias partidas y, cuando todos los jugadores sepan el valor relativo de cada lote en cada momento, puede ser muy gañán y con finales ajustados. Me parece un buen juego de relleno para cuando un viernes acabamos a las 20:30 y aún tenemos ganas de una más. A hacerle compañía a Meuterer, Palastgeflüster,…

Con el buen sabor de boca, mío al menos, pasamos al segundo plato, iba a ser un El Capitán que me había llegado el mismo viernes por la mañana del que tenía empolladas las reglas. Pero ese Urland llevaba desde Essen esperando su oportunidad y desde que en Jerez sufriéramos un aborto en medio de su estreno con esa técnica que desde entonces se bautizó como “hacer un Seldonita” el juego estaba ansioso por ser estrenado. Así que sacamos el Urland y lo sufrimos, es una pena que un juego tan bonito sea un caos total y se quede en un precioso juego malo.

También hay que decir que la noche antes me releí el reglamento para no cometer errores, y estos no se cometieron pero si es cierto que en muchos casos hasta que no llegábamos a una situación determinada no me acordaba que había omitido explicar las resoluciones de ciertas situaciones y que no las tenía frescas del todo a pesar del repaso que le dí (Pánico, Puntuación Final,…).

Lo mejor, que al menos fue mucho más corto que su hermano mayor, el Ursuppe, lo que hace que en un día tonto se le pueda dar otra oportunidad. En este caso me parece lo contrario, es decir, me dio la sensación de que era demasiado corto (eso me hizo quedarme con una sensación de Comuni). Parece un juego a medio cocinar, con cosas muy innovadoras pero llevadas a cabo de manera caótica y desequilibrada. Pareció que los últimos jugadores tenían mucha desventaja.

Por el precio que me costó y por lo bonito que es, creo que se quedará en casa como pieza de coleccionista, ya que ese erizo que me dibujó en la caja Doris Matthäus tiene un valor especial. Si al final, hasta quizá con una pequeña dosis de gen G, Urland se puede salvar 😛 .

Como Teresa no me llamaba con malas noticias, aún quedaba tiempo para otro filler: Sobek. Juego prescindible de Bruno Cathala ya que no aporta casi nada nuevo como para que merezca la pena tenerlo… Es rápido y divertido pero sólo durante la primera ronda. En la tercera ronda ya te hastía sacar más cartas… El principal problema del juego es que una partida son tres rondas exactamente iguales y la puntuación acumulativa, como dijo Jose, podemos apuntar en la BGG que hemos jugado tres partidas. Medici también fueron 3 rondas, pero la posición en la que quedabas en la anterior afectaba a la estrategia para la siguiente. Aquí no, aquí únicamente sumas los puntos de cada ronda y el global más alto decide el vencedor… No es suficiente para como para mantenerlo en la colección porque siempre hay fillers mejores y más divertidos que sacar a la mesa, así que al hilo de venta. No basta ni el hecho de que haya desbancado al Goa como “Best – Insert – Eveeeeer”.   

En definitiva, un día del gañán raro, el próximo es muy posible que sea ya en calidad de padre, pero trataré de sacar un juego más exigente.

Día del gañán: José, Jokin, David, Fran, Cristian.

Houston, tenemos un problema…

El miércoles, a la segunda (y gastando mi día del gañán), High Frontier finalmente despegó. Es un juego duro y particular. Ha tenido una acogida tibia, por no decir mala (ver la lista de correos).

Metalización...

En teoría, hay que planear misiones espaciales en función del agua y las tecnologías que necesitas. Las tecnologías se subastan pagando en agua. La idea es llevar a cabo las misiones más rápido que tus competidores, es decir, usando menos turnos para coger agua y tecnologías. Las misiones disponibles con las tecnologías básicas son algo limitadas, pero con tecnologías mejoradas supongo que hay muchas opciones. La planificación es un pequeño rompecabezas en el que tienes que cuadrar tu cohete con el agua que tienes y dónde puedes llegar (bastante solitario por cierto). Entre las misiones fáciles, ir a la Luna, a Marte o darte un paseo con una pistola de rayos para ir explorando posibles yacimientos de mineral.

A mi lo que menos me gustó es la mecánica de la subasta y de dónde se sacan los cubos de agua. Hubiera prefierido simplemente un método más sencillo, tipo draft. Hay una serie de tecnologías disponibles y las tienes que escoger, como las cartas del TTA, quizás pagando un número de cubitos de agua diferente. Por lo menos sería más rápido el juego y no
tendría ese periodo de investigo, vendo, investigo, vendo… Para que una subasta sea interesante hay que conocer el valor de cada carta, y eso es demasiado para un juego que ya es complicado de por si. Además, es un poco agobiante que sea una carrera y que el número de turnos sea variable. Con lo largo y complicado que es el juego, encima tienes que dedicarle 4 o 5 partidas para que realmente haya competición por quién diseña las expediciones más rápidas/óptimas. En una frase, Un juego de subastas que requiere demasiado esfuerzo.

Día del gañán: Jokin, Jose, Cristian, Fran, David

¿Nos gusta coleccionar o jugar a nuestros juegos? Parte I.

Esta es una pregunta que a veces, mirando mi colección, me he preguntado. Algunas veces he vendido juegos sin nisiquera haberlos probado, al darme cuenta que pudo ser un error su compra, o que fue producto de un momento de compulsivismo sin pies ni cabeza. Es que a veces se me mete un juego entre ceja y ceja y no puedo evitar el comprarlo. Lo que si es verdad es que cuando un juego resulta ser una fula o las posibilidades de que vea mesa son mínimas no tengo problema en darle boleto y quitarmelo de la colección.

Hace tiempo di un gran paso, le perdí el miedo a los GMT gracias al Twilight Struggle, aún recuerdo esa partida que acepté a Jose con escepticismo en mi recién reformada casa con su copia en P&P y la cantidad de comunis que hicimos ¡que tiempos! Aquel día ví que los juegos de GMT no eran como la partida al Combat Commander Europe con Fran, al mes de hacerme el tan recurrido en las coñas “juego del pollo” , que me dejó un poco temeroso…

Tras encariñarme con el Twilight Struggle, me dí cuenta que los CDG me llamaban la atención y quería más. Me enteré que  iba a salir el Washington’s War y me llamó que era un CDG sencillo como el TS pero con movimiento de tropas, es decir, las galletas no pueden llover del cielo como en el TS, tienes que llevar a tu ejército hasta allí para dar la galleta. Una vez probado, es cierto que el juego es sencillo. Pero por esa época, investigando se me metió otro CDG por los ojos, Wilderness War del autor del por entonces juego en P500 Labyrinth. Era algo más complicado y estaban a punto de sacar la 3ª Edición con tablero montado.

¿Un CDG sobre la guerra entre franceses, indios y británicos en Norteamérica? pero ¿a quién mierda le interesa ese conflicto?… a bravucon…. bueno, y el tiempo desveló que también a Wallace.

Mucho tiempo he estado dándole vueltas a la adquisición del Wilderness War, hasta que la oferta al 50% de facebook me convenció. Aunque pensaba que había convencido más a mi lado coleccionista que al jugón.

Hace un par de semanas me llegó y, a pesar de que es un juego con prácticamente cero posibilidades de salir a la mesa a corto plazo, me decidí a hacer el esfuerzo de leer las reglas (que no son pocas) y me encandiló nuevamente. Anoche aproveché estar solo en casa mientras el Mandril goleaba al Sevilla para hacer el set up del escenario de iniciación y seguir el ejemplo del libreto de reglas. El set up fue un poco tedioso debido a que ¿quién coño sabe donde está, por ejemplo, Onondaga? ¿y Little Seneca River? También afecta el no saber leer, asi de primeras, cada detalle del tablero. Al final se entiende todo muy bien y todo se vuelve mucho más sencillo.

Dejé el seguimiento del ejemplo para esta mañana para no dejarlo a medias anoche. Hoy me he puesto con el ejemplo y ha sido una experiencia espectacular, el juego es una preciosidad y las mecánicas me han encantado. Como si estuviese  viendo la película de “El Último Mohicano” en la mesa de mi salón.

Tras completar el ejemplo de juego, un año completo, lo recogí y me he vuelto a leer las reglas para comprender todo mucho mejor. Que maravilla de juego!

Ahora que os escribo, Wilderness War ya duerme en mis estanterías. Es posible que sea para siempre o no, el tiempo lo dirá. Creo que el interés que pueda despertar el A Few Acres of Snow puede llegar a ser decisivo… pero la experiencia de tener este juego y haberlo entendido ha valido ya los 33 € que me costó. En este caso especifico creo que me basta con coleccionar.