Vuelve un clásico con más fuerza que nunca

Era el día del gañán de Cristian. Traía un pepino de jugo para cuatro, cuando de repente Fran faltó inexplicablemente. Pánico en la Habitación Roja. De todas formas, Cristian se armó de valor y apareció en Camas a la hora convenida con una bolsa con varios juegos. Para abrir boca sacó un insertar nombre. Juego rápido de mayorías con componentes magníficos en el que representamos a nobles familias italianas rivalizando por quién la tenía más larga, digo alta (y me refiero a las torres de las ciudades). La verdad es que fue un buen “filler”, aunque un poco falto de alma. Sin embargo, no puedo decir mucho más, por que seguidamente mi recuerdo sobre este juego quedo sepultado bajo un peso pesado… el innombrable, el hijo del averno, el KHOLE.

Un clásico

Este juego me hace recordar por que nos llamamos simios adoradores de W. La verdad es que no se que decir que no se haya dicho ya.

De la reseña me quedo con lo bueno y lo malo…

LO BUENO

– Agonía y tensión desde el primer al último turno.
– Muchas estrategias diferentes para ganar. Todas son buenas, pero hay que estar atento a lo que hacen los demás.
– La interacción entre los jugadores. Espectacular.

LO MALO

– El lío de las cartas.
– El canal virtual de Liverpool.
– Que te puedas pedir un préstamo de 10.
– Que no le guste a Jokin.

Respecto a las estrategias, sólo creo que he aprendido una cosa nueva. Para no tener que pedir préstamos, hay que tirar de carbón, y no me refiero para tenerlo barato, si no para poder ganar dinero vendiendo al mercado exterior. Más fácil decirlo que hacerlo por cierto. De todas formas, creo que no es tan difícil el juego, hasta un niño podría jugarlo…

No es tan difícil

Aprovechando un tema anterior, desde mi punto de vista lo que tiene el Brass que no tiene el AoI es lo siguiente…

– El dinero cuesta acciones
– El carbón es muy diferente del hierro
– Los raíles son rentables
– Le das la vuelta a las losetas de mercado externo
– Número de acciones fijos (¡esto es vital!)
– Prefiero cartas de ciudades a cartas de regiones
– Puedes construir todo lo que quieres en cada ciudad

Quizás las dos últimas diferencias sean importantes. Con la doble construcción del AoI, es raro no tener nada que construir, el Brass es más agónico.

Día del gañán: Jose, Jokin, David, Fran, Cristian

Through the Ages

Esta tarde, mientras #Ned le cascaba tres goles a #Uru, se improvisó una miniquedada del gañán en Almensilla con un Through the Ages turno uno a tres contendientes.

No es un juego ligero, pero tampoco es especialmente duro. O quizá es que los que desperdiciamos nuestra juventud con el Civilization y el Master of Orion estamos ya habituados a pensar en comida / ciencia / recursos / cultura / población.

De manera similar al Rise of Empires que probamos (y del que todavía estamos esperando reseña), el juego avanza por turnos a lo largo de tres eras del desarrollo de la civilización: La antigüedad y edad media, la época de las revoluciones (sociales, industrial…) y la era de la información y la reducción de distancias.
Las cartas (edificios, tropas, personajes históricos) de cada era mejoran a los precedentes, de manera que la lucha por mejorar es constante, pero no todo el árbol tecnológico está disponible para todo el mundo, y los elementos que no sean elegidos por ningún jugador acaban siendo descartados en un par de turnos, lo que encarniza aún más la competición por la mejor carta y da mayor protagonismo a una adecuada toma de decisiones y asignación de acciones por turno.

Es un juego muy atractivo (menos el de Fran, vestigio de su ya lejana época de prinanplei chusco) en el que o bien mueres por A/P y matas el juego contigo o disfrutas mucho llevando a tus ciudadanos a la gloria, porque te lo plantees como te lo plantees, siempre te van a faltar recursos, acciones y población para hacer todo lo que quieres llevar a cabo.

Sólo le vi dos pegas.
La primera es inherente a todos los juegos de desarrollo a lo largo de un tiempo establecido, y es que la variedad de cartas de evento y personajes egregios, por pequeña que sea, siempre es demasiado grande como para tratar de saber claramente en la primera partida qué cartas coger y cuánto pagar por ellas. Afortunadamente eso se soluciona con partidas subsiguientes, aunque la variación en el momento de aparecer las cartas impida llegar a la partida con una estrategia preestablecida.

La segunda desluce un poco más el juego, ya que en la práctica limita las posibles estrategias a seguir a solamente una: tratar de subir todos tus valores parejos sin dejar descolgado ninguno. Nada de centrarte en la ciencia para avanzar mucho mientras otro se dedica a crear un ejército, porque ambos estarían metalizados (y el del ejército puede hundir al militar con un par de ataques, pero el científico no puede hacer nada contra las hordas del vecino).
Pero no basta con tener tus niveles de ejército / recursos / ciencia / cultura parejos, sino que *han de ir subiendo parejos*. En un Knizia puedes ir a machete a por un recurso y luego centrarte en el que tienes más bajo para, llegada la hora del recuento, tenerlo en un nivel aceptable. Aquí, en cambio, quedarte descolgado en uno de ellos puede suponerte tener que abandonar la partida. Si no tienes comida de sobra para poder aumentar tu población da lo mismo lo eficiente que sea tu pueblo, que acabará hundido en la más vil miseria el próximo cambio de era…

Veredicto: Deberíamos jugarlo más a menudo y no perder el tiempo en calzarnos chuscos los unos a los otros.