Meeting Games 2013

Sí, ya sé que ha pasado un mes y que ahora lo que todo el mundo espera es la simio-reseña del comando Festival de Córdoba (que llegará), pero siguiendo nuestro (casi) estricto orden temporal, lo que toca es hablar de las Meeting Games, sobre todo, por que lo merecen.

Las Meeting Games es una iniciativa del comando San Fernando con 4 años de antiguedad que ha sobrevivido al desembarco de herederos de los últimos años (que también ha dejado alguno en la pareja Pili/Luis). Para mi es una cita ineludible a la altura del Festival de Córdoba y Zona Lúdica, que digo, no sólo para mi, sino para toda mi familia. Por que las Meeting no sólo me permite disfrutar de mi afición con amigos, sino compartirla con Patricia y mis heredereros, y eso tiene un +2.

A las Meeting Games acuden jugones de una cierta categoría (por no decir antiguedad) acompañados en muchos casos de toda la familia, y no es raro ver jugar un juego de Haba al lado de un Sword of Rome de GMT de 6 horas (que envidia, por cierto). El ambiente es inmejorable. Por eso agradezco a los organizadores que monten esta pequeña reunión cada año. ¡GRACIAS!

Aunque en un principio no tenía demasiadas expectativas de jugar, al final me llevé una sorpresa. Santiago de Cuba (por dos veces), D-Day Dice, Aliens contra Zombies, 1775 (¡por dos veces!), The Great Zimbabwe, Vegas, Ra, Russian Rails (sí, me Gizmo nos emgaño vilmente), Julius Caesar y varios juegos de Haba. No está mal.

Furcias y dados

Furcias y dados con Stuka y cia.

A mi alrededor se jugó mucho. Quizás el juego que más mesa vio fue el Clash of Cultures, pero se vio un Combat Commander, un Fiedrich, el mencionado Sword of Rome y alguna barbaridad más. De todos los que vi jugar, me perdí (por muy poco) una de las últimas criaturas del Elklund, Pax Porfiriana. Estaba por 25 euros en Juegame, pero no duró ni un día…

Con esta pinta como le vas a decir que no

Con esta pinta como le vas a decir que no

Mi juego decubirmiento, el Julius Caesar. Vaya partida jugué con Biblio hasta las 3 de la mañana. Se fue volando entre choque y choque fraticida de legiones romanas. Esa noche me ha costado 44 euros, por que me lo he tenido que comprar.

Juegazo

Juegazo

Nada, en realidad podría decir muchas más cosas de ese fin de semana, pero mi hijo acaba de hacerle una pitera a su prima con un objeto afilado +1. Mis obligaciones me reclaman. El año que viene, más. Apúntanos ya al preorder Luis.

5 años, muchos cambios

Escribo este post un poco como conmemoración de los 5 años que acabo de cumplir como usuario de la Boardgamegeek. Se puede decir que nada más descubrir los juegos de mesa modernos, creé mi usuario y empecé a buscar gente por Sevilla con la que poder empezar a descubrir juntos tantos juegos, todos nuevos para mí.

Mítico el Pueblo que  fabriqué con mis manazas en Septiembre de 2008.

Mítico el Pueblo que fabriqué con mis manazas en Septiembre de 2008.

Mi primera adquisición fue Yspahan, tras ver una videoreseña de Scott Nicholson, uno de los pioneros en esos menesteres. Me dejó boquiabierto el uso que se podían dar a unos dados en un juego y me lo pillé sobre la marcha. Sólo fue el principio de una sucesión de descubrimientos increíbles. Yo que llevaba toda la vida jugando al Backgammon y algunos abstractos que coleccionaba mi padre.

Realmente cinco años dan para mucho, en todos los sentidos. En el personal pues he pasado de ser un soltero viviendo en un piso destartalado a estar casado y con 2 hijos viviendo en el mismo piso pero reformado completamente. En el aspecto meramente lúdico… pues también ha habido cambios, y muchas veces está ligado con el terreno personal.

En mi primer año lúdico jugaba todas las semanas al menos dos veces con otros jugadores de Sevilla y otras tantas veces con la que entonces era mi novia (ahora mujer), con ella siempre a juegos menos duros porque nunca le han gustado los juegos demasiado largos ni con excesivas reglas. Lo reconozco, era un agonía y compraba una barbaridad de juegos, todos ellos los jugaba al menos una vez. Comprábamos en pedidos masivos entre muchos sevillanos, de cuna o de adopción como yo. Pedidos a Alemania donde frecuentemente se colaban juegos que resultaban bastante malos ya que caía muchas veces en la tentación de comprar las gangas, lejanos en el tiempo quedan ya los míticos Go West a 3 € (que no me pareció mal juego y permanece en mi colección) o ese Justinian que era más malo que un dolor, y muchos otros que cayeron ya en el olvido. Pero el caso es que independientemente de los juegos que comprara, todos eran jugados en cuestión de semanas.

Poco a poco fuimos juntándonos casi de manera natural los que coincidíamos en horarios laborales y teníamos una mayor afinidad y cuando nos dimos cuenta… éramos los Simios Golfos. Todos los años comprábamos (y vendíamos) una cantidad ingente de juegos, íbamos a las jornadas que podíamos (Jerez, Zona Lúdica, Festival de Córdoba,…), hasta fuimos a Essen en la edición de 2010 y Julio traía un fin de semana espectacularmente maratoniano con la Moliquedada. Siempre intentando probar más y más juegos, ya fueran antiguos o recién editados, pero siempre cosas nuevas. Casi nunca repetíamos ni a los juegos que realmente nos habían gustado mucho. Éste es un “mal” muy extendido entre los que compartimos esta afición, probar y probar siempre nuevos juegos en lugar de sacarle todo el jugo a los muchos y buenos juegos de nuestras colecciones. Tras un par de partidas, ya parece que lo sabemos todo sobre un determinado juego, o incluso basta una primera experiencia para venderlo sin contemplaciones porque no ha calado a la primera como esperábamos.

Cuando en Essen bajo Wallace de los cielos y nos toco a David y a mi con su mano, sorprendentemente al mes siguiente nuestras esposas se quedaron en estado de buena esperanza...

En Essen 2010 descendió Wallace de los cielos para tocarnos con sus divinas manos.

Eran años de soltería para algunos y de matrimonio sin hijos para otros, todos con trabajos medianamente estables. Teníamos mucho tiempo para jugar, bueno, hoy en día veo aquella época como con mucho tiempo dedicado a actividades lúdicas, entonces nos quejábamos porque queríamos aún más!!! Además y como comentaba antes, si aún me quedaban ganas de jugar, estaba Teresa los fines de semana para echar unas partidillas después de la comida en casa de mi suegra, hasta se nos unía muy frecuentemente ella a la que llegué a considerar una gran jugona en potencia…

Pero los tiempos han cambiado, la crisis ha hecho que uno de los Simios haya tenido que emigrar a Tenerife dejando la familia atrás y que otro haya tenido que montar un negocio familiar para poder tirar pa’lante y cuyos horarios son leoninos. Y los demás, pues echando más horas que un mono para poder conservar nuestro trabajo y poder seguir pagando nuestras hipotecas y demás gastos familiares.

Pero sobretodo la sequía la han provocado… los niños… 7 minisimios han salido, hasta el momento, de las entrañas de las esposas de los Simios Golfos. David primero en el orden de turno con Laura (casi 4 años) y Carlos (2 años), Jokin segundo con Lucas (3 años y medio) y Lucía (que aún no llega a los 9 meses), luego Fran con Alex (2 años y medio) y para terminar yo con Carmen (2 años) y Ángel (3 semanas!)… el único que aún se está haciendo el remolón es José… pero tiempo al tiempo.

 

Mis niños: Carmen y Ángel

Mis niños: Carmen y Ángel

Ante este panorama, la frecuencia de las quedadas ha disminuido de manera notable. En mi caso particular, si antes podía echar unas 25 partidas al mes entre pitos y flautas, ahora la media puede estar en 2 ó 3… y gracias. Como si no fuera suficiente, la llegada de vástagos ha producido en mi mujer un efecto de aversión total a jugar en parte por el cansancio que produce el cuidado de los niños y que cuando llega ese ratito muerto que antes se empleaba para echar una partida, pues ahora como que ya no le apetece… ¿Y cómo me he tomado todo esto de jugar tan poco? Pues no lo voy a negar, se pasa mal pero porque me gusta mucho jugar y ya no lo hago con tanta frecuencia. Pero sí me ha reportado algo muy positivo que es el quitarme de encima esa especie de angustia que tiene por lo general el jugón empedernido de querer jugarlo a todo: “todas las novedades, siempre actualizado” Esa obsesión por estar todo el día pendiente de las novedades y no descansar hasta jugar a ese juego que salió el mes pasado en Alemania y ya lo tengo de importación con pegatinas traducidas… o ese preorder que hice para que me viniese con una expansión exclusiva… Mencionaba antes la palabra angustia, porque realmente es así, esa sensación de que si no eres capaz de jugar a todo (y lo antes posible), llegas a ceer que te estás perdiendo algo, que no éstas actualizado, que se te escurre el agua de las manos… Querido amigo jugón, pon un par de hijos en tu vida a los que tengas que dedicarles el poco tiempo libre que te queda tras la jornada laboral y sanarás como por arte de magia… Ahora me tiro 5 semanas sin tocar un sólo componente de madera y cuando por fin consigo que se alineen los astros para poder sentarme con mis Simios, me encuentro con que no quiero probar ese juego nuevo que todo el mundo está loco con él, prefiero jugar un siempre espectacular Puerto Rico, Brass, San Petersburgo,… Ahora ya me da pereza aprenderme un reglamento de un juego nuevo ya que mi los visos de jugarlo a corto plazo son nulos y se me va a olvidar. Y lo mismo ocurre con las nuevas adquisiciones. He pasado de comprar entre 30 y 40 juegos al año de media durante mis primeros 4 años de jugón, a comprar menos de 10 en este último año. Y es que comprar para almacenar indefinidamente juegos que voy a tener una enorme dificultad en sacar a la mesa no es algo que me atraiga. Soy más de jugar que de coleccionar. Me he vuelto muy práctico, pero sobretodo me ha servido para calmarme.

Aún no he probado eurogames que han entrado pisando fuerte en el último año como el Tzolk’in, Robinson Crusoe, Keyflower, Suburbia o Bora Bora pero es que ya no sufro por ello.

¿Quiere decir esto que estoy feliz con mi vida lúdica? Evidentemente no, pero al menos estoy curado de esa histeria por estar al día continuamente. Me gustaría jugar más, pero no lo haré a costa de descuidar mi familia. Ya queda menos, en breve, los niños en unos años ya no requerirán tanto tiempo y podré escaparme para jugar con mis Simios mucho más a menudo.

Carmen desde pequeña siempre ha estado toqueteando cartas y juegos.

Carmen desde pequeña siempre ha estado toqueteando cartas y juegos.

También pronto, mi hija estará preparada y empezará a querer jugar a cosas conmigo ya que me estoy encargando de que toquetee mis juegos, la maderita, las losetas de cartón duro… hasta el punto que su lugar preferido de casa es mi estantería de juegos. El otro día le compré una baraja de la Hello Kitty en un chino y le he enseñado a jugar a ordenarla por palos, y disfruta haciéndolo con su orgulloso padre… Ya queda menos! Qué bien nos lo vamos a pasar!

[Autor invitado] Cuando un juego te hace ¡zas, en toda la boca!

Después de unas duras negociaciones, hemos conseguido contratar para nuestro blog a un afamado reportero independiente, Javi Santos, AKA Javi Santos. Al final no pudo rechazar nuestra oferta, el doble de lo que le pagan por artículo en Cubo Magazine…

Me reservo mi opinión sobre sus heréticos comentarios sobre el Bras…

Cuando un juego te hace ¡zas, en toda la boca!
Francisco Javier Santos Arévalo

Que ir a la Zona Lúdica a jugar es divertido es obvio. Los que hemos ido sabemos (en su mayoría) lo que es aquello, y vamos a jugar todo lo posible. Y a cotorrear también. En mi caso, ya desde el propio camino, que tuve el placer de compartir con dos simios parlanchines. Y como no, surgió el eterno debate, algo que al bueno de Bravucón le duele en el alma, y es mi aparente estupor ante su idolatrado Brass. Yo, para disfrutar, le pico, asegurando que es una fula de juego. Incluso algún simio comparte esa visión. La realidad es algo más sutil: no sé si es una fula o no. Sencillamente no lo entiendo. Y lo he metido dentro de la categoría de juegos “demasiado complicados”, y que no me gustan.

Porque es cierto, no me suelen gustar los juegos recomplicados, con muchísimos detallitos, en los que hay que recordar mil y un iconitos, dibujitos, tracks, cartitas… ¡Perezaaaaa! Así que Brass, que será magnífico, pero intuitivo desde luego no, no me llama la atención, porque la única vez que lo jugué me pasé la partida intentado comprender el sistema. ¿Soy un zoquete? Puede, pero francamente, no sé si me merece la pena el esfuerzo, habiendo chopocientos juegos por ahí, que puedo disfrutar enormemente.

La cosa es que mientras íbamos camino de Mollina, Bravucón me soltó que si no me gustan los juegos complicados, ¿qué leches hago poniéndole un 10 a Vanuatu en la BGG? En realidad, no acabo de compartir la idea de Bravucón, porque Vanuatu no me parece un juego del tipo que hablaba hace un momento, pero me hizo pensar un poco, y me vino a la cabeza esos juegos que supuestamente no te deberían gustar, porque son del típico estilo que no te gusta, esos a los que te acercas con recelo, que según te explican vas soltando los divertidos comentarios de turno “chimenea…”, “fula…”, “me metalizo pronto, a ver si se acaba…”, “alto poder calorífico…”. Comentarios que siempre apasionan al dueño del juego.

Y resulta que te hacen un ¡zas en toda la boca!, y te salta el monóculo por los aires. Porque te encantan, te lo pasas como un enano, y resulta que te tienes que comer tus comentarios de listillo. Reconócelo, a ti también te ha pasado. Aquí van algunos casos de mi cosecha particular.

  • No me gustan los juegos recomplicados, pero me gusta Reef Encounter.

Ya lo he dicho, no tengo interés en hacer una tesis para jugar a algo. No quiero angustiarme toda la partida mirando a mil sitios a la vez, ni tener que manejarme una mano de 10 cartas, todas con textos, iconos, y múltiples usos. Es decir, no se trata solo de complejidad en sí misma, sino también, en mi caso, de complejidad de gestión de la información (y eso, desde luego, es algo muy personal). Por eso no me gustan juegos como Tzolkin, que con sus engranajes puede retorcerte el hipotálamo, o el CO2 que jugamos en la Zona Lúdica, donde hay múltiples tracks, acciones, reacciones, y asfixias varias. O Trajan, un Feld con una idea magnífica con el mancala, pero que no me gusta en su resolución, con minijuegos inconexos que no me permiten centrarme en nada.

Sin embargo, me gusta Reef Encounter. Un juego que una reciente entrada del señor ficha negra ha calificado como uno de los peores reglamentos jamás escritos. Y en cierto modo le doy la razón. Reef Encounter es un juego que hoy día puede pecar de viejuno, no es lo que se lleva. Colocación de losetas, que intentan simular la voracidad de los corales en pleno canibalismo, y con bastantes acciones posibles, todas muy interrelacionadas entre sí, hacen que ni el manual, ni el juego en sí, sean fáciles de digerir. Yo siempre he tenido la sensación de que se trata de un Tigris&Euphrates avanzado, pero es eso, una sensación. Un juego duro, que a dos funciona de maravilla, y a cuatro se convierte en algo que sí que es demasiado caótico y complejo de controlar para mí.

No te dejes engañar por los ojos divertidos, este juego no es ninguna coña.

Me pregunto a mi mismo si me gustaría tanto si lo tuviera que digerir hoy. Porque me da la sensación de que con el tiempo, cada vez estoy más atontado para asimilar reglamentos nuevos.


Los camarones empiezan a tomar posiciones, mientras miran de refilón al océano exterior, donde se marcan las jerarquías de las algas.

Por lo demás, objetivamente hablando, su poder calorífico es brutal. Grandes dosis de cartón del bueno y maderita a gogó. Un juego bien producido y diseñado, pero no apto para todos los públicos. Se puede jugar de gratis en Spiel by Web.

  • No me gustan los juegos de negociación, pero me parto con Bohnanza.

No soy muy de negociar, la verdad. Catán nunca me atrajo, y lo que menos me gusta de Colosseum es la parte de la negociación, que ralentiza el juego y lo hace simplemente más pesado. No quiero estar convenciendo a la peña de lo ideal que sería hacer algo que obviamente lo puede ser para mí, pero no para él. Así que cuando un juego incluye dosis importantes de negociación, suelo torcer el bigote.
Pues bien, Bohnanza me parece la pera. No sé si es por el absolutamente genial mecanismo de las plantaciones y de guardar el orden de las cartas, o por el gusto que da comerciar habichuelas pestosas y rockys, la cuestión es que es posiblemente el único juego donde la negociación es absolutamente fundamental, pero que me encanta profundamente. Un juegazo con todas las de la ley, que puedes llevar en el bolsillo, de lo mejor que ha hecho el señor Rosenberg, antes de que le diera por complicarnos la existencia con granjas, puertos y monasterios diversos.

Tener en tu mano una habichuela apestosa no tiene precio. Fotito tomada prestada de allenj82 (en BGG, aquí).

Un juego donde se demuestra que una baraja puede dar mucho de sí (como pasa con el Meuterer, por ejemplo). Tienes múltiples expansiones, pero no he probado ninguna, ni ganas. El juego es redondo. Si no está roto, no lo toques.

  • No me gustan los juegos de reírse, pero no pude parar con Rummelplatz.

Si hay que descojonarse, soy el primero, pero no suelen gustarme los juegos cuyo principal atributo es que se supone que son graciosos. Tengo tendencia a pensar que van a ser gracias de un tipo que a mí, pues no me la hacen. No me hace gracia el rollito Munchkin, el rollito “jajaja, que risa, cuanto nos puteamos unos a otros”, ni cosas por el estilo. No es que tenga el espíritu risueño de Karpov, pero la risa floja y tontuna no me tiran.

Fue en una reunión de la asociación Jugamos Todos cuando vi jugar por primera vez a Rummelplatz. De hecho, lo que vi fue a Jokin y señora, juntitos, en una especie de danza de extraña simulación de una montaña rusa. Con la media sonrisa, pensé hacia mis adentros, que ni de coña me vería en semejante situación. ¡Errooooor! Hace sólo unos días tuve la oportunidad de jugarlo, y me ha parecido uno de los juegos más absolutamente estupendos que he probado en mucho tiempo. Entendiendo lo que es, claro. Se trata de varios minijuegos que simulan las atracciones de una feria, y en los que ganamos boletos para una tómbola final, donde el ganador se decide por sorteo. Con eso, ya sabemos como de en serio hay que tomarse el juego… Fabuloso, muy divertido. Algunos minijuegos te gustarán más que otros, sin duda, pero el concepto es estupendo. Y además, tiene una historia muy interesante que puedes leer en el artículo de la página amiga de Jugamos Tod@s.

Haciendo el tontuno en la feria. Sede de la asociación Jugamos Tod@s, foto sacada de su web.

Es el típico juego que mucha gente puntúa bajísimo porque le parece poco serio. Pues claro, si es que de eso va, de ser un juego poco serio con el que de verdad te ríes. Luego están los juegos poco serios que además, son una chorrada.

Como conclusión, como es de esperar, hay que quitarse el monóculo de vez en cuando. Las ideas preconcebidas, aunque lógicas, no siempre son buenas consejeras, y las joyas escondidas entre el fango o los prejuicios, abundan.

Volvemos de Zona Lúdica 2013

Acabamos de volver de ZL13 el 40% de los simios, los que pudimos evitar los compromisos laborales/familiares/deportivos (un saludo al resto), y aunque todavía no me he recuperado, voy a aprovechar que mi familia todavía no ha vuelto a casa para hacer la mini reseña antes de que la rutina me arrastre…

Lo primero y principal, es que nos lo hemos pasado genial, así que agradecer a la organización que año tras año monten las jornadas para que los jugones con monóculo podamos ir a jugar sin descanso durante todo un fin de semana, siendo la escusa perfecta para reencontrarte con toda la gente con la que compartes esta extraña afición. Este año, aunque ha habido ausencias notables como el señor Suffo y el Comando Tierra de Barros, hemos vuelto a poder compartir unos momentos entrañables con gañanes de toda la península. Como siempre, lo mejor, la compañía.

¿A qué hemos jugado? ¿Con quién? Imposible acordarme de todo y de tod@s. Mi jornada empezó con un Snowdonia a tres en la mesa justo que está en la entrada de la sala (es decir, con un frío que pela) que llevaba en la maleta, seguida de una partida inolvidable a La Villa, o mejor dicho, al Misterio de la villa, pues acabamos en un extraño lugar controlado por monjes inmortales de alguna secta satánica que se multiplicaban en el monasterio como gremlins… Memorable. Después jugamos al mejor juego de la jornada, el descubrimiento del año, el Ab in die Tonne. Se trata de tirar la basura de una forma civilizada, sin que se caiga nada fuera. Es un filler de los buenos, de 10 minutos, con algo menos de 4 lineas de reglas (en las que Cristian volvió a demostrar que es el rey indiscutible de los comunis…). Lo jugamos dos veces, y en la segunda, Isa demostró que sin duda, es la más ordenada de todos nosotros haciendo una pila de basura perfecta.

Mítico (comuni incluido)

Más tarde, estábamos 6, así que jugamos un Chicago Express con Chari, Álamo y compañía. No se que estaba pensando Queen al editarlo, no es un juego familiar. Es duro y áspero, y no triunfó demasiado. Por lo menos no dura 3 horas como la fula del American Rails
Como colofón de fiesta jugamos La boca, serio candidato a juego de las jornadas, pero que flaqueó por haber durado una hora. Treinta puzles tridimensionales en pareja resolvimos. Ya lo puedes vender Cristian, está amortizado.

Así se fue el viernes y llegó el domingo, cuando una gran cantidad de visitantes llegaron a las jornadas, con un ambientazo espectacular. Para empezar sacamos un Primeras chispas, y esta vez fui yo el que hizo un comuni, y tuvimos que dejar de jugar cuando los meeple empezaron a morir de hambre por falta de alimentos… En cualquier caso pasamos a un Lokomotiv Werks, otra ida de olla de Windsome publicada por Queen. Es otro juego duro, áspero y desagradable como el CE, pero además, dura una hora y media (de sufrimiento) con la sensación de que además es aleatorio. Un clásico. Dicen que después de 20 partidas, empiezan a entenderlo, pero me estoy dando cuenta, de que los juegos Winsome, no son para simios. Necesitamos algo más accesible (si, somos unas nenazas).

Finalmente, de la mano de Ludonova, probamos el Rialto. Quizás esté en una etapa meh, pero no me impactó. Está bien, no es enrevesado, es directo, rápido, pero simplemente no me conquistó. Además, que decir del tema, Venecia otra vez… Después de comer yo me jugué un Automovile con Frescology y Kalarien (sí, el chico tan simpático que diseñó un juego de teatro el año pasado) en modo velocidad de vértido (¡hora y media explicación incluida!) y recordé por que Wallace es nuestro ídolo. Juegazo. Olvídate del Lokomotiv Werks. Cristian jugó con la gente de The black Meeple a el Nieuw Amsterdam , librándonos al resto de simios de probarlo (con comuni). No le gustó. Nada. Que lo cuente él.

Respecto a Mr. Meeple, la primera impresión fue mala… he jugado 70 partidas al Carson City, y 7000 al Oregon, ¿este tío se está quedando conmigo? Bueno, después resultó no ser mal tipo, y hasta nos invitó a una barbacoa en Vanuatu. Saludos a los campeones del asfalto que vinieron desde el norte a compartir estos días con nosotros. Espero que nos volvamos a ver pronto, aunque sea el año que viene en otra igual.

Al final apareció más gente de la esperada, y le salió por un ojo de la cara

Después de cenar, Cristian, con la escusa del cambio climático, engañó a Javi Santos, a Isa y a Rafa de Dracotienda a jugar un CO2. Es un juego fácil, sólo hay tres acciones, les dijo. Posibilidad de comuni 0.05%, me dijo. Metalizados. Gracias a Wallace, aunque cooperamos, al final del tercer turno los niveles de CO2 subieron por encima del máximo, y se acabó el mundo como los conocemos. El juego no digo ni que esté ni bien ni mal, sólo que los semi-cooperativos, no funcionan en mi grupo. Menos mal que después, siguendo el rollo verde, volvimos a tirar la basura. Como somos unos animales, jugamos un Emerald antes de acostarnos. Un juego con un dragón, no puede ser malo.

El domingo, que parecía que no podía sorprendernos, nos trajo el mejor juego avanzado de la jornada, el Brugge de Feld, que nos dejó y explicó Julio (Anaskela) amablemente. Gran juego. Dinámico, rápido y divertido. De un peso similar al Notre Damme (kilo arriba kilo abajo). Tampoco tiene nada demasiado nuevo, pero funciona muy bien, hay bastante interacción, hay un poco de combo, y no una, sino cinco calamidades diferentes (Jokin abstenerse). Lo único malo, que hay que pegar 160 pegatinas a las 160 cartas que son el motor del juego… ¿Por que este no se publica en español?

Dados de madera + 1

Después volvió un clásico simio. El Walhalla, un juego de mayoría y de tortas a dolor. Entrañable. Mítico el botellón en el olimpo de los Dioses que dio la victoria a Bravucón. Para terminar un Santiao de cuba en velocidad de vértigo. Juegazo también.

Y después nos fuimos, bueno, nos echaron. Comimos con Pili, Luis y Estrella, y nos pegamos una pecha de reir pissa. ¿Nos veremos en las Meeting Games?

Bueno, Patricia me reclama. Seguro que se me han olvidado juegos y jugones (pido disculpas), han sido dos días muy intensos, y ahora estoy reventado. En resumen, Zona Lúdica ha estado genial, como siempre. Repetiremos sin duda.

Los regalos de Reyes

Los Reyes Magos son unas fechas especiales para los jugones entrados en añitos. Son la escusa perfecta para evitar el agro de nuestras parejas y darnos algún que otro capricho. Este año, con esto de la crisis, en principio no tenía nada pensado, pero tras ir al cine a ver El Hobbit, un plan empezó a fraguarse en mi cabeza…

Una obra de arte

Sólo he tenido el placer de jugar La guerra del Anillo tres veces (¡una justo para empezar el año!), y por desgracia a la edición especial de coleccionista de Jokin… Una obra de arte, que a 300 euros, era un auténtico regalo para jugones amantes de Tokien.

El caso es que tengo agradecer a mi padre el que la segunda edición de Devir, forme parte de mi colección. Tengo que decir que fue mi padre el que a las 10 años me dejó su ejemplar del 78 de la trilogía y de El Hobbit, y que es una tradición familiar tener puestas las versiones extendidas de las películas continuamente durante las vacaciones de Navidad (también fueron un regalo de Reyes)… Es curioso como este año sus Reyes Magos trajeron juguetes para hijos y nietos 🙂

Mi nueva adquisición sin embargo tiene un sabor agridulce. Los componentes son espectaculares. El tablero una maravilla bastante mejor que la primera edición. Las cartas de un tamaño épico como el juego. Pero las miniaturas están sin pintar. Y son de un color al menos cuestionable. ¡Argh!

Así debería ser el mío…

Tengo que reconocer que entre mis vicios pasados, he sido jugados de Warhammer, por lo que desde que tengo el juego en mi poder, he estado atormentado pensando en desempolvar mis utensilios de pintura… He estado estudiando la bgg, la bsk y cualquier sitio que me pudiera orientar. De especial interés es el consejo de este americano de la bgg…

Don’t do it. Really. It isn’t worth it.

Creo que no necesita traducción. El post de la bgg no tiene desperdicio, y si algún día me atrevo, sin duda intentaré hacerle caso. Sin embargo no me ha quitó todas las esperanzas, así que seguí investigando, y descubrí el método de pintura por inmersión Dip. Tampoco tiene desperdicio. Es una evolución de las guarrerías que yo hacía cuando era joven con el betún de judea. Espectacular también el video de los notas del Armypainter (un producto especializado para los más vagos o viejos como yo…).

Bueno, el caso es que tras esta búsqueda por la red, lo que me ha devuelto a la realidad son mis dos niños… No-hay-tiempo. Punto. Pero no hay que perder la esperanza… mis herederos creceran y en cuanto cumplan 6 años, les regalo un pincel a cada uno y a pintar miniaturas de La Guerra del Anillo. Eso lo sabe hasta Radagast. Sí Jokin, también los pondremos a pintar el Memoir 44

La terca realidad

La terca realidad es que estamos pasando por una etapa en la que el tiempo es un bien cada vez más preciado. Niños, trabajo, casa, niños… Casi es un milagro que podamos seguir jugando (bien en horarios intespestivos, o en locales desconocidos). El caso es que se va 2012 y se nos han quedado en el tintero muchas entradas en nuestro blog. ¡Así es la vida!

Dos turnos completos de día del gañán. Nunca hablaremos del Poseidon de Jokin, un pasito más que nos adentramos en los 18XX aunque con resultado incierto. Jokin y yo nos lo pasamos pipa, mientras que Fran y Jose lo sufrieron hasta la última ronda de operaciones. volvimos a jugar al mejor juego de Essen 2011, el Vanuatu. Jugarlo nos devolvió la fe en las novedades de este año. Tiene que haber alguna joya escondida, sólo hay que encontrarla (para mi gusto, por ahora el The Great Zimbabwe). Como acompañamiento jugamos uno de los grandes juegos de Feld (antes de que lo abducieran), el Notre Dame, uno de esos juegos que la primera vez que los juegas te dan ganas de quemar.

A mi me parece bonito

Nos hemos dejado también sin comentar el pollo gañán de Fran, y no sólo por haber jugado un República de Roma en el que comprobamos que no es un juego para gañanes (la tercera vez que alguien quiso ser Dictador Y Censor se cerró el senado y se hundió Roma). Después de mucho tiempo, volvimos a juntarnos familias incluidas a ponernos ciegos de mosto (gratis) mientras los niños destrozaban el mobiliario. Entrañable 🙂

La República se hunde

También diciembre ha visto nacer la primera ppglaf quedada, también conocida como la quedad del sótano sobrepopulado. Dar las gracias a toda la familia por hospedarnos y darnos la oportunidad de compartir unos días estupendos con los amigos (¡y sus niños!).

En doble sesión, hemos jugado al Archipelago, con artistas invitados incluidos (la reseña debería de hacerla Javi, por cierto). Un juego que a mi (sólo) me recuerda al Eclipse y al Catán. No, no estoy loco. Es un juego ambicioso, con reglas sencillas (y casi elegantes) con un tema de colonos que no veas. A mi no me ha disgustado, con excepción de la subasta del orden de turno (que creo que le sobra). Hay que jugarlo a un partida más larga (jugamos la corta, que es sin duda, demasiada corta). Tiene también PV ocultos (más bien, desconocidos y aleatorios), que tampoco me gustan demasiado, pero es menos importante.

También han visto mesa el Lords of Waterdeep (con super meeples, por supuesto), el mejor juego de Essen 2010, el denostado Toscana, Power Grid (en una noche brutal en la que tardamos más en jugar el Pergammon), The Great Zimbabwe, Goa y Tyros en la categoría de plato principal.

Mención especial merecen los fillers The Hobbit Card Game, Trick of the Rails, Landlord! y Sitting Ducks Deluxe, que han visto mucha mesa al final de cada sesión. Creo que por ahora el ganador, el del Hobbit. ¡Viva Wallace!

Thorin murió con los cascos puestos

Para terminar, mencionar el Polis. Tuvo una acogida tibia en nuestro grupo, pero después de tres partidas, va cogiendo peso. Es un gran juego. Quizás lo mejor que he probado de los juegos nacionales. Es un juego redondo, difícil de jugar, pero fácil de explicar. No es un juego de guerra, más bien de gestión de recursos pero con mucha mucha interacción. Tiene algo de azar, por lo que a mucha gente le echará para atrás por durar unas dos horas. Es duro y no perdona errores. Imprescidible el podcast de Celacanto en El Tablero. Es un juego que merece la pena estar en una ludoteca, aunque insisto, no es para todos los públicos. Es un eurogame para dos jugadores con alta dosis de interacción y de azar (sí, un asedio te puede hundir o meter en la partida fácilmente). Es como si en el Le Havre pudieras hundir los barcos de tu contrario 😉

Bueno, y hasta aquí el 2012. O casi. Puede que haya alguna quedada ninja más, pero eso lo comentaremos el año que viene.

 

¡Felices Fiestas de parte de los simios!

Turno del gañán: Fran, David, Jokin, Cristian, Jose