[Autor invitado] Cuando un juego te hace ¡zas, en toda la boca!

Después de unas duras negociaciones, hemos conseguido contratar para nuestro blog a un afamado reportero independiente, Javi Santos, AKA Javi Santos. Al final no pudo rechazar nuestra oferta, el doble de lo que le pagan por artículo en Cubo Magazine…

Me reservo mi opinión sobre sus heréticos comentarios sobre el Bras…

Cuando un juego te hace ¡zas, en toda la boca!
Francisco Javier Santos Arévalo

Que ir a la Zona Lúdica a jugar es divertido es obvio. Los que hemos ido sabemos (en su mayoría) lo que es aquello, y vamos a jugar todo lo posible. Y a cotorrear también. En mi caso, ya desde el propio camino, que tuve el placer de compartir con dos simios parlanchines. Y como no, surgió el eterno debate, algo que al bueno de Bravucón le duele en el alma, y es mi aparente estupor ante su idolatrado Brass. Yo, para disfrutar, le pico, asegurando que es una fula de juego. Incluso algún simio comparte esa visión. La realidad es algo más sutil: no sé si es una fula o no. Sencillamente no lo entiendo. Y lo he metido dentro de la categoría de juegos “demasiado complicados”, y que no me gustan.

Porque es cierto, no me suelen gustar los juegos recomplicados, con muchísimos detallitos, en los que hay que recordar mil y un iconitos, dibujitos, tracks, cartitas… ¡Perezaaaaa! Así que Brass, que será magnífico, pero intuitivo desde luego no, no me llama la atención, porque la única vez que lo jugué me pasé la partida intentado comprender el sistema. ¿Soy un zoquete? Puede, pero francamente, no sé si me merece la pena el esfuerzo, habiendo chopocientos juegos por ahí, que puedo disfrutar enormemente.

La cosa es que mientras íbamos camino de Mollina, Bravucón me soltó que si no me gustan los juegos complicados, ¿qué leches hago poniéndole un 10 a Vanuatu en la BGG? En realidad, no acabo de compartir la idea de Bravucón, porque Vanuatu no me parece un juego del tipo que hablaba hace un momento, pero me hizo pensar un poco, y me vino a la cabeza esos juegos que supuestamente no te deberían gustar, porque son del típico estilo que no te gusta, esos a los que te acercas con recelo, que según te explican vas soltando los divertidos comentarios de turno “chimenea…”, “fula…”, “me metalizo pronto, a ver si se acaba…”, “alto poder calorífico…”. Comentarios que siempre apasionan al dueño del juego.

Y resulta que te hacen un ¡zas en toda la boca!, y te salta el monóculo por los aires. Porque te encantan, te lo pasas como un enano, y resulta que te tienes que comer tus comentarios de listillo. Reconócelo, a ti también te ha pasado. Aquí van algunos casos de mi cosecha particular.

  • No me gustan los juegos recomplicados, pero me gusta Reef Encounter.

Ya lo he dicho, no tengo interés en hacer una tesis para jugar a algo. No quiero angustiarme toda la partida mirando a mil sitios a la vez, ni tener que manejarme una mano de 10 cartas, todas con textos, iconos, y múltiples usos. Es decir, no se trata solo de complejidad en sí misma, sino también, en mi caso, de complejidad de gestión de la información (y eso, desde luego, es algo muy personal). Por eso no me gustan juegos como Tzolkin, que con sus engranajes puede retorcerte el hipotálamo, o el CO2 que jugamos en la Zona Lúdica, donde hay múltiples tracks, acciones, reacciones, y asfixias varias. O Trajan, un Feld con una idea magnífica con el mancala, pero que no me gusta en su resolución, con minijuegos inconexos que no me permiten centrarme en nada.

Sin embargo, me gusta Reef Encounter. Un juego que una reciente entrada del señor ficha negra ha calificado como uno de los peores reglamentos jamás escritos. Y en cierto modo le doy la razón. Reef Encounter es un juego que hoy día puede pecar de viejuno, no es lo que se lleva. Colocación de losetas, que intentan simular la voracidad de los corales en pleno canibalismo, y con bastantes acciones posibles, todas muy interrelacionadas entre sí, hacen que ni el manual, ni el juego en sí, sean fáciles de digerir. Yo siempre he tenido la sensación de que se trata de un Tigris&Euphrates avanzado, pero es eso, una sensación. Un juego duro, que a dos funciona de maravilla, y a cuatro se convierte en algo que sí que es demasiado caótico y complejo de controlar para mí.

No te dejes engañar por los ojos divertidos, este juego no es ninguna coña.

Me pregunto a mi mismo si me gustaría tanto si lo tuviera que digerir hoy. Porque me da la sensación de que con el tiempo, cada vez estoy más atontado para asimilar reglamentos nuevos.


Los camarones empiezan a tomar posiciones, mientras miran de refilón al océano exterior, donde se marcan las jerarquías de las algas.

Por lo demás, objetivamente hablando, su poder calorífico es brutal. Grandes dosis de cartón del bueno y maderita a gogó. Un juego bien producido y diseñado, pero no apto para todos los públicos. Se puede jugar de gratis en Spiel by Web.

  • No me gustan los juegos de negociación, pero me parto con Bohnanza.

No soy muy de negociar, la verdad. Catán nunca me atrajo, y lo que menos me gusta de Colosseum es la parte de la negociación, que ralentiza el juego y lo hace simplemente más pesado. No quiero estar convenciendo a la peña de lo ideal que sería hacer algo que obviamente lo puede ser para mí, pero no para él. Así que cuando un juego incluye dosis importantes de negociación, suelo torcer el bigote.
Pues bien, Bohnanza me parece la pera. No sé si es por el absolutamente genial mecanismo de las plantaciones y de guardar el orden de las cartas, o por el gusto que da comerciar habichuelas pestosas y rockys, la cuestión es que es posiblemente el único juego donde la negociación es absolutamente fundamental, pero que me encanta profundamente. Un juegazo con todas las de la ley, que puedes llevar en el bolsillo, de lo mejor que ha hecho el señor Rosenberg, antes de que le diera por complicarnos la existencia con granjas, puertos y monasterios diversos.

Tener en tu mano una habichuela apestosa no tiene precio. Fotito tomada prestada de allenj82 (en BGG, aquí).

Un juego donde se demuestra que una baraja puede dar mucho de sí (como pasa con el Meuterer, por ejemplo). Tienes múltiples expansiones, pero no he probado ninguna, ni ganas. El juego es redondo. Si no está roto, no lo toques.

  • No me gustan los juegos de reírse, pero no pude parar con Rummelplatz.

Si hay que descojonarse, soy el primero, pero no suelen gustarme los juegos cuyo principal atributo es que se supone que son graciosos. Tengo tendencia a pensar que van a ser gracias de un tipo que a mí, pues no me la hacen. No me hace gracia el rollito Munchkin, el rollito “jajaja, que risa, cuanto nos puteamos unos a otros”, ni cosas por el estilo. No es que tenga el espíritu risueño de Karpov, pero la risa floja y tontuna no me tiran.

Fue en una reunión de la asociación Jugamos Todos cuando vi jugar por primera vez a Rummelplatz. De hecho, lo que vi fue a Jokin y señora, juntitos, en una especie de danza de extraña simulación de una montaña rusa. Con la media sonrisa, pensé hacia mis adentros, que ni de coña me vería en semejante situación. ¡Errooooor! Hace sólo unos días tuve la oportunidad de jugarlo, y me ha parecido uno de los juegos más absolutamente estupendos que he probado en mucho tiempo. Entendiendo lo que es, claro. Se trata de varios minijuegos que simulan las atracciones de una feria, y en los que ganamos boletos para una tómbola final, donde el ganador se decide por sorteo. Con eso, ya sabemos como de en serio hay que tomarse el juego… Fabuloso, muy divertido. Algunos minijuegos te gustarán más que otros, sin duda, pero el concepto es estupendo. Y además, tiene una historia muy interesante que puedes leer en el artículo de la página amiga de Jugamos Tod@s.

Haciendo el tontuno en la feria. Sede de la asociación Jugamos Tod@s, foto sacada de su web.

Es el típico juego que mucha gente puntúa bajísimo porque le parece poco serio. Pues claro, si es que de eso va, de ser un juego poco serio con el que de verdad te ríes. Luego están los juegos poco serios que además, son una chorrada.

Como conclusión, como es de esperar, hay que quitarse el monóculo de vez en cuando. Las ideas preconcebidas, aunque lógicas, no siempre son buenas consejeras, y las joyas escondidas entre el fango o los prejuicios, abundan.

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6 pensamientos en “[Autor invitado] Cuando un juego te hace ¡zas, en toda la boca!

  1. Buen artículo 😉

    Justamente ayer me pasó un caso como el que comentas, jugamos al Cave Troll, un juego que aparentemente es un dungeon crawler con aventureros, orcos Trolls… Pues bien, al esuchar la explicación de las reglas y ver el tablero vi inmediatamente que era un juego de mayorias así que mis expectativas eran nulas. Me esperaba un jeugo horrendo y mira por donde de momento es el único juego de mayorias que me ha gustado. La parte fue divertida y todos nos lo pasamos bien, que es de lo que se trata 🙂

    Me has picado la curiosidad por el Rummelplatz que no lo conocia…

    ¡Un saludo!

  2. Y otro juego con buena dosis de negociación, y que revisité en Zona Lúdica: Santiago. La lucha por el riego es gañaneo puro. Tanto, que a 5 jugadores se me hace puro sufrimiento, lo prefiero a 4. Podeis llamarme nenaza, sin problemas.

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