Arde Polonia

Año 1400. El rey polaco parece un tipo apañao, pero tiene al reino rodeado por un montón de indeseables mientras cena con una panda de hienas. Nosotros somos las hienas.

El día del gañán de David, que iba a ser un entretenido crucero por las islas griegas a cuatro jugadores, se convirtió inesperadamente en un saqueo a tres bandas mientras nos defendíamos de rusos, tártaros, suecos, otomanos. Y austrohúngaros.

Luis Berlanga

God’s Playground es un juego de mayorías en el que los puntos de victoria no te las dan las mayorías, sino lo que estés dispuesto a arriesgar, puesto que tus ciudades (los verdaderos puntos de victoria) son arrasados con cada oleada de invasores. En verdad, estás apostando contra los demás jugadores que eres capaz de defender las ciudades más indefendibles hasta el final de la partida. Mentira.

Y digo mentira porque se trata de un juego semicooperativo. Se basa en la irreal idea de que alguien va a querer que Polonia se salve, cuando en verdad lo que queremos todos es pillar puntos y que los demás no los pillen. Más que el total de puntos que se consigan, importa sacar uno más que el rival.

No funciona mal si los tres participantes entran en esa pantomima, acordando tácitamente (aunque no sea de manera explícita) entregar la victoria a uno de los jugadores en concreto. El jueves jugamos David (veterano, con sus tres o cuatro partidas echadas en el lomo), Jose (que declaró «a mí no me importa colaborar si estamos todos en un ambiente de ayudarnos, pero no te voy a dar una madera para que me plantes la carretera delante») y yo, que decidí que salvar Polonia era recompensa suficiente para mí, ganase quien ganase de mis dos rivales.
En cambio en partidas anteriores el tablero era como esa fiesta en la que viene gente que no estás seguro de haber invitado y sabes que vas a ser incapaz de limpiarlo todo después.

Tablero God's Playground

Defendiendo Ucrania con uñas y dientes, a pesar de esos cosacos ruines y traicioneros.

Eso no sería un gran problema si el saqueo supusiese verdaderamente un problema para seguir el desarrollo de la partida, pero se sigue recibiendo dinero suficiente al inicio de cada turno para mantener un ejército mediano y, si bien no ganar puntos por campañas militares, no perderlos al final del turno.

Pero al menos tiene dados. Las campañas son un festival de sangre y muerte, donde tus baterías de artillería se vuelven de valor incalculable, maldices a la infantería y admiras a los cosacos aunque recelas de ellos por traidores y vendidos. Pequeños momentos de alegría a lo largo de dos horas en las que piensas «Pero es que en verdad si se hunde el país no pasaría nada…»

Con un estilo muy parecido, me gustó mucho más Liberté, donde el desequilibrio de fuerzas supone una amenaza toda la partida pero sin pretender ser cooperativo, ya que todos los jugadores manejan a las tres faciones y apoyar demasiado a una supone estar fortaleciendo también a uno de tus rivales.

Pero claro, en mi pueblo es que siempre hemos sido muy de Faulkner…

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2 pensamientos en “Arde Polonia

  1. Pingback: Sky is the only limit « Simios golfos

  2. Gran noche en la que por primera vez salvamos a Polonia de las hordas invasoras. Ni un sólo estado ardió entre otras cosas por que el Rey, lejos de estar distraido con las intrigas de la corte, lideró el ejercito en numerosas ocasiones.

    Es un juego bastante experimental. Un semicooperativo falso que recuerda vagamente a el República de Roma, pero con una gran diferencia, en el God’s Playground, siempre gana un jugador, aunque Polonia arda hasta los cimientos. En el República de Roma, si Roma cae, pierden todos lo jugadores. Este detalle obviamente es de vital importancia. En demasiadas ocasiones durante una partida te preguntas si de verdad merece la pena luchar, o es mejor simplemente abrir escuelas… (¿estoy oliendo un gen G?) En todo caso, me sigue gustando bastante. Seguirá saliendo en mis días del gañán a tres. Hay que decir, que para ser un Wallace a tres, ha visto bastante mesa.

    Como detalle monóculo, Wallace diseñó este juego para ganar una apuesta con un alemán que le dijo que si publicaba un juego sobre la historia de Polonia, no vendería ni una sola copia en Alemania. Por supuesto, vendío alguna copia más.

    Detallazo la referencia a Berlanga.

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