Sky is the only limit

Siempre me he considerado el menos simio del grupo. No sólo porque no me importa colaborar, comerciar o negociar (ayer no ardió Polonia), sino que además (¡anatema!) no me gusta el Brass.

Sin embargo, un día ordenando mi colección me di cuenta de la cantidad de juegos de Wallace que han ido aposentando en ella sin hacer apenas ruido. Y más aún, descubriéndome incapaz de esperar para tener sus dos últimas novedades: Doctor Who y Aeroplanes.

El primero lo guardo para ocasiones concretas en el tiempo y el espacio, en las que el hábil uso de mi destornillador sónico me saque de un apuro. El segundo me obligó a cambiar una guardia para poder jugarlo lo antes posible.

Doctor Who, the Card Game

It’s bigger on the inside!

Para los que hayáis leído las reglas de Automobile, Aeroplanes es el juego de aviones al que se refería en las Notas del diseñador. No sé por qué ha tardado tanto en ser editado, porque el juego es bueno.

En un simplificado tablero del mundo (centrado en Europa, nuestro punto de partida), nuestras compañías aéreas van expandiéndose a base de abrir aeropuertos en nuevos destinos y llevar pasajeros donde ellos deseen antes que la competencia. Es un juego, muy en la línea Wallace, laborioso de explicar pero bastante sistemático de jugar. Comprar aviones para establecer nuevos aeropuertos de destino, poner aeropuertos para llevar pasajeros. Recibir puntos de victoria por aeropuertos (sistema de mayorías en cada continente), recibir puntos de victoria por optimización de las plazas disponibles en tus aviones, recibir puntos de victoria por despachar pasajeros (los que quieren viajar más lejos dan más PVs).
No tiene préstamos, pero en cambio tiene azar. Las rutas comerciales se establecen tirando los dados y sacando un mínimo. Si los dados no son favorables, la diferencia se paga con dinero. Es un azar pero controlado. A no ser que te empecines (como suelo hacer) en llegar al continente americano sin buenos pilotos o fondos suficientes.

Tablero Aeroplanes

Tímida expansión de los primeros aeropuertos europeos.

Es simplista decir que es una mezcla de juegos de Wallace, pero sí tiene varios elementos bien identificables, como el tablero a lo Brass, recibir la moneda por pasar en tu turno como en Tinners’ Trail o la disponibilidad secuencial de modelos de avión con precios crecientes, como las fábricas de Automobile.

Para mi gusto, levemente sobreproducido. Los marcadores de fallo de motor podían haber sido sustituidos por un disco por jugador y una tabla en un margen del tablero, en vez de la veintena de pequeños contadores que no sabes dónde poner y se confunden con los de plazas vacías. Estos son otros marcadores que podían haber sido obviados simplificando la manera de puntuar por optimizar tus plazas disponibles con los pasajeros que despachas. Sin embargo, el juego funciona. Un pasito por encima del juego familiar, un pasito por debajo del juego derritecerebros. Obliga a tomar decisiones a corto plazo, sin perder de vista la planificación que hiciste a largo plazo.

Por supuesto, no fui rival para Fran ni para David, que me barrieron del mapa a pesar de ser mi segunda partida.

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8 pensamientos en “Sky is the only limit

  1. Enorme juego, de los buenos de Wallace, que se entienden y se pueden jugar y disfrutar. ¡Y sin préstamos! 🙂
    Para los que se queden con ganas de una opinión más ladrillo (el señor Jokin me ha dejado muy claro lo que son mis reseñas), en unos días en Cubo Magazine.

  2. Es un buen juego, aunque no creo que pase a la posteridad como uno de los mejores de Wallace. Yo desde luego no le veo tanto parecido con otros juegos anteriores. Decir que se parece al Brass por que tiene losetas cuadradas es como decir que se parece al Wings of War por que tiene cartas con dibujos de aviones de época. No lo digo por tu reseña Jokin, si no por comentarios que he leído en la bgg.

    Aunque es verdad que el juego está sobreproducido en algunos aspectos, en general la edición me ha parecido bastante chunga. Lo mejor, las cartas de los aviones. El mapa es tipo Wallace, pero más plano (si cabe). Los enlaces son demasiado gruesos, y no tiene casi ninguna textura. Era fácilmente mejorable. Las losetas de aeropuerto son como para echarse a llorar. Tristes y sosas. ¿No podían haber usado madera? Hasta cubos de tres tamaños/formas hubieran funcionado mejor. El dinero de cartón es para quemarlo. Casi prefiero las monedas de plástico del Brass. Lo único que me gustó fueron las losetas de avances, que los dibujos setenteros son bonitos. Empezaré a pensar en como tunearlo.

    Es un juego un poco por encima del familiar, con grandes dosis de puteo y bastante azar. El pobre Fran contrató a todos sus pilotos en la Escuela de Vuelto de Bollullos, y no veas como se estompaban viajando por el mundo. Yo por mi parte sólo tenía ases de la aviación, y aunque no llegué al otro lado del Atlántico, sí que me planté sin despeinarme en el pais del sol naciente. Entrañable. Esto es quizás lo que me gusta de los juegos de Wallace, siempre cuentan una historia.

    Al principio asusta lo de tener que mirar los pasajeros, pero al final no es tan complicado.

    Tengo ganas de volver a jugarlo, una pena no haberlo podido comprar en Córdoba.

  3. El juego me gustó, pese al AP inicial que tiene a la hora de buscar el pasajero y la ruta.

    Los componentes son de lo peor que he visto en mucho tiempo (a ver si Miguelón se hace con una copia y vuelve a quejarse a diario de Wallace, que el incendio del A Few Acres of Snow se apagó hace tiempo y se echan de menos sus lloriqueos).

    Lo que no me gustó, siendo un Wallace, es tirar dados… Quizá por esa sensación de que me odian a muerte y a otros los adoran… El caso es que en cada viaje, de una calavera no bajaba, mientras que David se recorrió medio mundo sin ver ni una y con tiradas altas…. Una detrás de otra…. No me gustó.

    Por lo demás el juego no está mal, sin ser ningún pepino. Si no fuese Wallace, se lo iba a comprar Perry, pero cmo le ha dado por publicarlo me lo compraré.

    Por cierto Javi, parece que le vas a tener que dar otra oportunidad al Brass ;P

  4. Pingback: Segundo vuelo « Simios golfos

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