La caída de un gigante

Y no me refiero a Polonia, que también cayo en mi día del gañán en la tercera partida al God’s Playground que hemos jugado. Me refiero a ese hombre que te mira como desde lejos, me refiero al Caylus.

El rey.

Pero vayamos por parte, era viernes, y tres simios nos encontramos en Almensilla. Tres. El número fatídico. Me tocaba escoger a mi, así que tiré de clásico con un juego de tito Wallace y nos pusimos a defender Polonia. Es la tercera partida que hemos jugado Fran, Cristian y yo. El caso es que como en las otras veces, en los dos primeros turnos, Librerum Veto, que básicamente es dejar a Polonia con los pantalones bajado frente a los invasores. Esta partida fue una fiesta de invasiones. Polonia ardió. Bastante. La verdad es que no quiero entretenerme demasiado con este juego. Las dos primeras partidas me gustó, pero esta tercera ha sido algo caótica. Quizás por no recordar las reglas al 100% y tener la sobra del Comuni sobre nuestras cabezas. Volverá a ver mesa (quizás en la Moliquedada), pero me dejó un sabor de boca regular.

Después del plato fuerte, pasamos a un filler. El Caylus a tres. Como ya comentamos en un post anterior, la última vez que jugamos nos dio la impresión de que lo más rentable era construir el castillo y dejar de lado los edificios. Esta vez llevamos esta teoría al extremos. Sólo se construyo un edificio que diera recursos en toda la partida. El preboste no llegó a la mina de oro. Fran nos ganó de calle, y el secreto volvió a ser construir a cada de perro el castillo. Tuvimos alguna discusión posterior sobre esta estrategia (que hace por cierto que la partida sea rápida y repetitiva). Yo creo que a tres jugadores el juego está un poco roto, desde el punto de vista que casi no tiene sentido hacer otra cosa que hacer el castillo. Fran tiene esperanzas en que no sea así. Cristian no me quedó clara su opionión. A cuatro o cinco jugadores, no se si el tema cambiará mucho, pero quiero pensar que sí. Lo malo, es que a a más de tres jugadores, se hacía un poco largo… El rey a muerto. Larga vida al rey.

 

Día del gañán: Cristian, Fran, Jose, Jokin, David

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3 pensamientos en “La caída de un gigante

  1. Algunas puntualizaciones, era Jueves aprovechando la festividad del Corpus, lo recuerdo porque esa misma noche tuvimos que ir al hospital por el cólico nefrítico de Teresa…

    El mal sabor de boca que te dejó el God’s Playground es que somos unos gañanes y todos los turnos dejamos que ardiera Polonia. El próximo día deberíamos hacer un pacto de caballeros y acordar que no se pueda usar la acción de veto y ver cómo es una partida así. La partida la rompimos los jugadores, la estrategia de hacer monjes jesuitas se erigió como la idonea en tiempos de escasez económica que impedía reclutar un buen ejército que tuviera a raya a las invasiones. Para defender con 2 lanceros la horda de otomanos mejor me hago monje y me escondo de sus atrocidades en un monasterio… Otra cosa que no me gustó es que si en una región se encuentran dos invasores de distintas procedencias, se matan entre ellos haciendote un favor. A mi me parece un juego divertido y que no te deja con la cabeza fundida como otros Wallace, pero si no lo juegas acorde con la idea con la que fué diseñado, te lo cargas como muchos otros juegos.

    Lo mismo nos ocurre con London, hasta que lo jugamos con la (bendita) variante, y… con Caylus.

    Caylus a 3 jugadores (a 2 creo que incluso se incrementa) el que va a aportar lotes al castillo a muerte se lleva la partida, con más jugadores puede que no ocurra porque es más dificil contruir tanto en el castillo y aprovecharte de tantos favores del rey. Pero jugar a Caylus y no construir ni un edificio es romper el juego. El autor que diseñó Caylus jamás penso en que gañanes como Fran le destruirían su juego. Jugar a Caylus con los edificios impresos en el tablero sin construir nada más es jugar a otra cosa, pero si juegas a esa otra cosa porque vas a aprovechar todos los recursos en el castillo turno tras turno ganas de calle, pues en ese caso Caylus se cae del pedestal estrepitosamente…

    No obstante me gusta Caylus pero tenemos que buscarle una solución porque si no caerá en la maldición de la estantería eterna. Ahora mismo estoy dudando si quiero añadirlo a mi colección y durante un tiempo lo tuve en compra obligada… de momento y hasta confirmar las sospechas me quedo con el Caylus Magna Carta.

    Gran día de Corpus y espectacular las palmeras de huevo que trajo David… y el cafelito de la Nespresso de Fran. 😉

  2. Día del gañán de David, que ni corto ni perezoso vuelve a cascarnos un God’s Playground. Curiosamente siempre hemos sido los mismos 3 los que hemos jugado a este juego.

    Es la vez que más lo he disfrutado, por ver las cosas más claras. Pero pasemos a hablar del juego:

    Creo que a Jokin y a Jose les gustará, aunque al principio andas un poco perdido, tan perdido como la Pequeña Polonia, región en la que me dejaron solo ante el peligro ante las hordas naranjas y que en vez de afrontar el peligro huí con el rabo entre las piernas en el primer turno…. A partir de ahí, y con vía libre de entrada continua de tropas invasoras, las ciudades de las regiones adyacentes fueron cayendo poco a poco, mientras que la presencia enemiga invadía todo y provocaba el colapso de las economías locales, por lo que no había ingresos suficientes para tener ejércitos de garantías que pararan las hordas y te permitieran conseguir PV. Los nobles electos en las regiones, con poder de convocar el ejército del Rey, eran vetados turno tras turno, y es que en un juego semi-cooperativo como este los gañanes nunca defraudarán y hundirán Polonia sin remisión.

    Las grandes ciudades de Cristian al final no tuvieron nada que hacer con el Poder Divino de los Jesuitas que se dedicaron a proclamar a los cuatro vientos que polvo éramos y en polvo nos convertiríamos.

    El detalle negativo de la partida fue el último turno, cuando había una fiesta de colores en toda Polonia e iban anulándose unos a otros hasta el punto de apenas crear estragos en nuestras indefensas ciudades. El juego es muy difícil de controlar y por lo visto en este turno, creo que imposible si Polonia es arrasada.

    Y de postre: albóndigas… Un Caylus ligerito para irnos despejados a casa…..

    No sé si habremos matado el pobre juego, no sé si se puede ganar de otra manera, pero volví a no construir ni un edificio, al igual que David, basándonos en el castillo y los privilegios reales. Cristian construyó algún que otro edificio, de los cuales sólo se uso el que podías comprar dos recursos por dos monedas…. gracias Cristian ;). Al usarlo bastante más que el resto, y un timming favorable, me bastó para coger delantera en el castillo, que a la postre fue definitiva.

    El pobre preboste rodaba y rodaba por un camino polvoriento con bosque y espesura a sus lados, ya que el pueblo parecía una aldea.

    Siempre me ha parecido demasiado buen juego para que de una manera tan simplona lo hayamos reventado. La próxima vez, sin descuidar el castillo, que al final es a lo que hemos venido a este pueblucho lleno de gabachos, voy a intentar otras tácticas que incluirán la construcción de edificios, algunos incluso con recursos.

    En fin, gran quedada, divertida y en buena compañía 😉

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