Leaping Lemmings

En la última Bravuconada apareció Jose con su bolsa de juegos y nos enseñó orgulloso su último P500 de GMT, un juego en una caja estupenda con unas ilustraciones de pena. Pero ¡es de GMT! No conozco (conocía) juego malo de la editorial, así que había que probarlo. Por no mencionar además que era el único juego para seis personas que teníamos y que Ukeitaro estaba calentándonos la cabeza para jugar a su Acquire tras cascar su Greed.

Tras unos quince minutos en los que todos le explicaron a la pobre Pilar cómo se jugaba al clásico videojuego de los Lemmings, (cansinos, ¡ya sabe que un nota con los brazos en cruz hace que los lemmings reboten, dejad de repetírselo!), desplegamos el sobrio juego y repartimos los colores. No es que impresione ni para bien ni para mal, pero los grognards son gente austera así que le perdonaremos lo soso de tablero, cartas y contadores…
El juego en sí es sencillo, liviano y alegre. Es una especie de card-driven wargame ligero, con su ZoC (que no LoV), su apilamiento máximo, sus hexágonos y tu ejército de roedores.
Consiste en recorrer todo el tablero (unas quince casillas en vertical) sin que te coma una de las dos águilas. Y al llegar al final, “saltar” muy lejos, puntuando tantos puntos como te sobren para alcanzar el borde del precipicio.
Los lemmings se mueven levantando una carta al principio del turno (el mismo número para todos) y las águilas tirando un dado para cada una, en la dirección que decida el jugador inicial.
Cada jugador tiene además dos cartas especiales que te ayudan o amargan a los demás, lo que añade un punto adicional de caos, pero que sólo puede usar una vez en la partida.
Lo bueno del juego es que cuando mueves el águila te puedes comer a los ratones de los demás. Y ratón muerto, muerto queda.
Lo malo no es no saber si es mejor tratar de llevar tus lemmings de uno en uno hasta el final, lentos pero seguros, o si es más efectivo inundar el tablero de roedores. Lo que verdaderamente mata el juego es que tras dos turnos no te quedan ningunas ganas de averiguarlo.
El turno de cada jugador es exactamente igual, de manera que cuando has tirado los dados seis veces ya no tienes ganas de más. No es posible ninguna estrategia ya que el azar absoluto rige el movimiento del águila y el de los ratones; no puedes saber si es mejor avanzar en línea recta o en diagonal, o si es mejor sacar uno nuevo o avanzar con el que ya está en el tablero.
Llegamos a la conclusión de que su verdadero nombre debería ser Parchís Squad Leader u Oca Commander, porque se limita a tirar dados y levantar cartas, esperando tener suerte para llegar a una casilla de seguro donde no te puedan comer.
Nefasto.
Tengo juegos de Haba con mucho más intríngulis.
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